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Ingrid Richter "Guilty Viewing Pleasures: Fear" 06/12/2012 via Flickr, Creative Commons Attribution

El miedo ¿amigo o enemigo?

Imagina a nuestros ancestros, viviendo en la naturaleza, en cuevas, con apenas armas para defenderse de los animales fieros que coexistían con ellos. ¿Cómo podían sobrevivir? ¿Cómo podía preservarse su especie?

Pues desarrollando un cerebro más grande y un sistema nervioso complejo, gracias al cual podían adaptarse a las situaciones y responder de manera adecuada, sustituyendo la carencia de defensas corpóreas, como abrigos para el frío, armas para la defensa y cacería o habitaciones para refugiarse, por una inteligencia,que les preservara de todos esos peligros. El miedo, por tanto, es  una emoción diseñada para permitirnos la supervivencia.

Cuando este sistema nervioso autónomo, percibe que algo nos amenaza, se activa y genera una serie de respuestas de alarma, que desencadenan, de forma automática, una serie de reacciones fisiológicas; entre otras:

  • Aumenta la presión arterial.
  • Se intensifica el metabolismo celular.
  • Incrementa la concentración de glucosa en la sangre.
  • Aumenta la coagulación sanguínea (para que si tenemos una herida, no nos desangremos).
  • Aumenta la actividad mental.
  • La sangre se va a los músculos mayores, principalmente a las piernas, para tener suficiente energía para escapar.
  • El corazón comienza a trabajar a una velocidad muy por encima de lo habitual, llevando rápidamente hormonas, como la adrenalina, a todo el cuerpo.
  • Todos los sentidos se agudizan, se abren más los ojos, y las pupilas se dilatan para recabar la mayor cantidad de información posible.
  • El sistema inmunológico se detiene, así como todas las funciones no esenciales en el cuerpo, para preparar a este para lo que venga: la huida o la pelea.

Estas reacciones son necesarias para la supervivencia. El cuerpo sabe exactamente qué debe hacer ante la percepción de un peligro para aumentar las posibilidades de salir con vida. Una vez el peligro desaparece, todo el sistema se regula y tanto el latido del corazón, como todas las demás funciones, vuelven a la normalidad.

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Brenda Clarke “To deny fear is to be blind to the truth” 19/08/2009 via Flickr, Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual

Pero claro, este sistema es útil ante un peligro para nuestra supervivencia, pero, ¿qué pasa cuando una persona percibe constantemente estímulos que no son peligrosos para su supervivencia, pero que ella percibe como amenazantes, aunque no estén presentes (conducir, el rechazo de otros, el trabajo, hablar en público, relacionarse con otras personas, etc.)?

En estos casos, lo que ocurre es que el sistema está constantemente activado y con ello, todas las respuestas fisiológicas asociadas:

  • El ritmo cardíaco aumenta y sentimos las palpitaciones.
  • La sangre va a las piernas y no podemos parar de movernos.
  • El sistema digestivo se cierra y perdemos el apetito.
  • Los sentidos se agudizan y estamos híper vigilantes.
  • La actividad mental aumenta y somos víctimas de nuestros pensamientos recurrentes.
  • Etc.

Y es en este momento, cuando el miedo deja de ser un amigo que nos protege y se convierte en un enemigo que nos paraliza y nos impide enfrentarnos a la vida de manera adaptativa.

En estos casos, solo con pensar en una situación que nos atemoriza (aunque no estemos expuestos a ella), el sistema se activa y sentimos la necesidad de protegernos de algo que no es real, lo que nos lleva a encerrarnos más en nosotros mismos, impidiéndonos vivir y aprender de las experiencias y las relaciones.

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Pimthida “Fear” 03/02/2011 via Flickr, Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual

El estrés y la ansiedad, que son manifestaciones del miedo, son el origen de la mayoría de las enfermedades, ya que, como hemos visto, una de las respuestas asociadas al miedo es que el sistema inmunológico baja su funcionamiento y las defensas, aumentando el riesgo de infecciones (virus, bacterias, parásitos). También pueden ocasionarse problemas en el sistema urinario (que para la medicina china está relacionado con esta emoción). Además, como el nervio vago esta conectado al estomago, podemos tener problemas gástricos.

Por todo ello, si el miedo gobierna tu vida, no luches contra él; aprende a verlo, conoce como se manifiesta, identifícale en tí y, si es necesario, acude a algún especialista en el tema, que te ayude a convertir a ese enemigo en un aliado. Por mi parte, yo te voy a dar unos consejos muy simples:

  • Toma consciencia de que la amenaza no es real ni tan grave como la percibes. Pero si tu sistema de defensa ya esta activado, ayuda a tu cuerpo a volver a la normalidad, respira lenta y profundamente como si tu estomago fuera un globo que se infla y desinfla.
  • Introduce en tu rutina actividades que te permitan relajarte, disfrutar de la vida.
  • Acude a un profesional que pueda ayudarte.

Recuerda que el miedo es una percepción subjetiva: no a todos nos da miedo lo mismo, porque actualmente hay pocas cosas objetivas que puedan acabar con nuestra vida. Es cierto que hay situaciones que pueden generarlo, pero debemos ayudar a que el sistema vuelva a la normalidad lo mas rápido posible, una vez pasada la situación y no seguir manteniendo en nuestro pensamiento esa situación.

 ¡¡¡Haz que el miedo sea tu aliado y no tu enemigo!!!

Autor: Carolina Álvarez

Psicóloga y terapeuta, me dedico a este hermoso mundo del bienestar y la salud, donde la magia fluye cada día. Realizo terapias y cursos, y me encanta escribir acerca de cómo encontrarnos a nosotros mismos.

2 comentarios

  1. Andres botero

    Muy interesante el articulo dado el enfoque que le das, ya que capturas la atención del lector y luego lo llevas a ver sus problemas y como enfrentarlos…

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