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Foto: Javier Biosca

El secuestro

EL SECUESTRO. Sala: Teatro Fígaro (Madrid). Dirección: Gabriel Olivares. Reparto: Leo Rivera (Manolo), Jorge Roelas (Paco), Diana Lázaro (Montse), Fran Nortes (Ángel) y Carlos Heredia (Ministro). Producción: Star Élite. Fechas: Del 19 de agosto al 16 de octubre de 2016. Horario: miércoles y jueves 20:30 h., viernes 20:00 h., sábados 19:00 h y 21:00 h., domingos 19:00 horas. Precio: desde 15 €.

El mes de agosto nos dice adiós en Madrid, y lo hace con un secuestro, eso sí, únicamente teatral ─no se me asusten─ 😉

Aún con los sudores agostiles cubriendo nuestro cuerpo, ha sonado el pistoletazo inicial de la nueva temporada teatral y una de las obras más madrugadoras ha sido, precisamente, El Secuestro, de Fran Nortes, que en la penúltima semana del mes se ha estrenado en el Teatro Fígaro de Madrid.

Los tiempos de crisis son propicios para la comedia; ante tanto sinsabor y mala leche con que nos bombardean a diario, nuestras mentes necesitan relajarse y qué mejor medicina que la risa. Y si además de reírnos, aprovechamos para hacerlo de aquéllos que nos tienen sumidos en la desazón, pues la satisfacción es doble.

Por ello, tiempos como estos han dado lugar en nuestro país a magníficas comedias costumbristas, en las que los protagonistas podemos ser usted o yo y los sinvergüenzas que nos ningunean aparecen retratados en toda su crudeza, para su escarnio. Reírnos de esta situación tiene algo de catártico y por ello, el camino a la carcajada está servido.

Se trata de un subgénero de comedia, que yo denomino “de brocha gorda”, donde el resultado global prima sobre detalles y matices, y constituido a base de chistes fáciles, caracterización y caricaturización de los personajes, enredos y equívocos y mucho ritmo. Es un género populista, pues no exige gran esfuerzo intelectual al público, cuenta con su simpatía por las tramas que trata y no tiene más pretensiones que la de hacer pasar un buen rato al respetable.

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Foto: Javier Biosca

Pero no por ello es un género menor, ni mucho menos, y si los ingredientes ─aun siendo básicos─ son de calidad y son cocinados con sabiduría y precisión, este “menú del día” puede convertirse en un plato de alta cocina, como es el caso que nos ocupa. Porque con El Secuestro Fran Nortes ha creado una comedia sin concesiones, a tumba abierta y muy divertida.

Es una historia estupendamente escrita con héroes, antihéroes y villanos, pero de los de verdad ─porque sí, el Joker o Lex Luthor parecen muy malos, pero al lado de nuestros políticos son hermanitas de la caridad─; una historia con un ritmo perfectamente medido, rápido e in crescendo hasta el desenlace final. Una historia con diálogos ágiles y agudos, con giros inesperados y situaciones disparatadas en las que es imposible no empatizar con los buenos y odiar a los malos.

Una historia cargada de realidad y verdad, porque, como decía el recientemente desaparecido Muhammad Ali:

La comedia es una forma graciosa de decir la verdad. Mi forma de hacer bromas es decir la verdad. Ese es el chiste más gracioso del mundo.

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Foto: Javier Biosca

 ¿De qué va El Secuestro?

El Secuestro parte de una historia cotidiana en estos tiempos, la de una operación inmobiliaria que ocasiona el cierre de un mercado, lo que dejará en la calle a todos los pequeños comerciantes que allí trabajaban, entre los que están Paco, un tierno y bonachón carnicero, Montse, su hermana y Manolo, su cuñado, que también perderán su pescadería.

Esa carnicería es todo lo que tiene Paco tras llevar toda la vida trabajando y, en su desesperación, no se le ocurre nada mejor que secuestrar al hijo del ministro que ha de tomar la decisión de cerrar el mercado para presionar a este. Ya decía Murphy que si algo puede ir a peor, lo hará y este secuestro es una demostración práctica; a cada minuto que pasa, la trama se complica y se entabla una lucha descarnada entre valores como la amistad y la familia frente a la avaricia y la inmoralidad.

Decía Valle Inclán que «Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento» y Paco es exactamente eso, un esperpento, un justiciero sin madera de héroe, que lucha con la fuerza de la desesperación y la única ayuda de su familia y así lo hace… desastrosamente, pero por el camino se lleva todas nuestras carcajadas y nuestro cariño y admiración.

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Foto: Javier Biosca

Al frente del montaje está Gabriel Olivares, uno de los directores más exitosos de la actualidad, que en esta ocasión ha vuelto a dar en el clavo. Partiendo de un texto divertido y cercano, ha visto claro que la mejor forma de realzarlo era conseguir un ritmo adecuado y dejar que los actores se sintieran cómodos con sus personajes utilizando sus registros habituales, y eso se nota y se transmite al público.

Si además la receta se completa con una acertada producción y escenografía y con la elección de un elenco compuesto por magníficos actores ─que, además, son rostros bastante conocidos gracias a la televisión, algo que al público le llama mucho─, el éxito está prácticamente asegurado. A buen seguro que, al igual que ha ocurrido con otros de los montajes de Gabriel Olivares ─Burundanga, El nombre…─, aún le quedan varias exitosas temporadas por delante.

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Foto: Javier Biosca

El elenco

Excelente texto, bien dirigido, pero sin duda, gran parte del éxito de El Secuestro recae sobre las magníficas interpretaciones del elenco.

Jorge Roelas encarna a Paco, con un tono muy “a lo Alfredo Landa”, que dota a su personaje de una inmensa ternura. Paco es un justiciero urbano a quien nos gustaría ayudar ─pese a que es el secuestrador─, alguien que nos hace reír y que nos emociona.

Junto a él, en el bando de “los buenos”, Leo Rivera es Manolo, el histriónico y lenguaraz cuñado de Paco, un personaje excesivo, que se ajusta como un guante al talento cómico, la presencia, energía y versatilidad de Rivera. Y qué sería de Manolo sin su Montse, sin esa Diana Lázaro que interpreta un personaje fascinante, una mujer que, como nuestras madres, hermanas o mujeres ─esas superheroínas cotidianas─, saca arrestos y energía para hacer frente a cualquier mal y luchar contra quienes puedan hacer daño a sus seres queridos con una fuerza inusitada e inesperada.

Frente a ellos, en el rincón de “los malos”, el propio autor, Fran Nortes, se ha reservado el papel de Ángel, el secuestrado, un personaje lleno de matices, que va desplegando sus alas a lo largo de la función ─y eso a pesar de todo lo que le hacen pasar─. Me dejo para el final a Carlos Heredia que encarna maravillosamente al ministro malo malísimo y sin escrúpulos. Es espectacular ver cómo transmite poder y corrupción con solo su lenguaje corporal y su tono, y cómo domina, posee e intenta corromper a quienes le rodean.

Y poco más que decir al respecto, espero que tras leer esto os hayan entrado ganas de ir a pasar un buen rato con la gente de El Secuestro, no os arrepentiréis.

 

 

Autor: Luis Ángel Ramos Cuesta

Luis Ángel Ramos Cuesta
Oteo el horizonte desde Unagi Magazine y os cuento lo que veo. ¡Ah! y además soy el irresponsable responsable de dirigir este proyecto.

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