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La vida no pedía más que …. SABOREAR

¿Alguien en la sala con antojos imposibles de amaestrar? Veo unas cuantas manos levantadas. Así me gusta 🙂

La regla de “el gym y el ñam” rige mi vida por completo y la verdad sea dicha, me gusta. Degustar y cuidarse; o mimarse y saborear, un gran placer.

Este verano, entre reuniones y quehaceres por Barcelona, no podía acallar de ninguna manera la voz que resonaba en mi cabeza. ‘¡QUIERO PAD THAI! ¡DAME PAD THAI!’ gritaban al unisón mis tripas, mi corazón y el causante del problema: mi cabeza. Así pues, recurrí a una gran amiga que vive en la ciudad y me recomendó un tailandés otorgado con las tres B (Bueno, Bonito y Barato). De camino al restaurante intenté no hacerme demasiadas ilusiones con la comida porque en 2015 había viajado a Tailandia y… las comparaciones son odiosas.

Llegué al número 106 de Balmes y ahí estaba PETIT BANGKOK en medio de una bulliciosa y sofocante Barcelona.

No voy a decir mucho referente al restaurante, excepto dos cosas:

  1. No me dio tiempo ni a hacer fotos de la comida.
  2. En los postres ya estaba mirando vuelos con dirección Bangkok. Sin importar las escalas y las horas insoportables de avión. Y si vais a PETIT BANGKOK vosotros también lo haréis.

Ahora, hace justamente dos años, viajé hasta el sudeste asiático en la mejor compañía: mi hermana Laia y mi cuñado Jordi. Ellos ya habían visitado el país así que me evitaron las ‘novatadas’ de una europea por primera vez en Asia. Podría hablar largo y tendido de Tailandia porque me encandiló con su gente y sus sonrisas, sus paisajes, sus contrastes, su diversidad cultural y social y, sorprendentemente, su aceptación. Pero quizás lo deje para otra entrada. Hoy me apetece hablaros de los manjares que probé y que estoy deseando volver a paladear.

Nada más aterrizar en Bangkok nos perdimos por Khao San Road (que viene siendo la Gran Vía tailandesa) y probamos el plato estrella: PAD THAI. Acompañado de la cerveza nacional: CHANG. Esa estampa culinaria se repitió a lo largo de dos semanas pero prometo que no aburre. Está taaaaaaaaaan bueno…

La comida callejera es la espina dorsal de la gastronomía Thai por su rapidez y su calidad. El sentido común (y un poquito de vista) os lleva hasta la parada correcta y en nada (lo podéis cronometrar y darme la razón) estáis comiendo y a un precio que os pondrá todavía más contentos.

En el norte, durante un par de noches hicimos parada en Chiang Rai y como es costumbre, visitamos su mercado nocturno. He de decir que en los temas de comida, soy una persona tremendamente indecisa así que opté por fiarme de mi hermana y cuñado a la hora de pedir la cena. ¡No sabéis cuantas paradas y olores irresistibles había por el ambiente!

Cenamos HOT POT (o también llamado Jim Jum), muy famoso en el norte del país. Es una cazuela de barro donde tú mismo te haces la cena. Se introducen los ingredientes ¡y listo!

Para los curiosos, las peculiaridades están servidas. En Birmania probamos los grillos y sinceramente, me quedo con mi querido pad thai jajaja Y en la maleta me traje unos snacks de saltamontes para aderezar alguna cena con la familia.

Uno de los lugares que más me gustó visitar fue Choui Fong Tea Plantation, una plantación de té en Mae Chan, donde puedes degustar, comprar e informarte de todo el proceso del producto en frente de él. Kilómetros y kilómetros verdes de distintos tés que te incitan a probarlos todos.

De vuelta a Bangkok, visitar Chinatown era si o si. Me sorprendió el caos que reinaba pero dentro de él todo funcionaba con precisión. Los visitantes, los tuk-tuks, los trabajadores, los lugareños… ¡TODOS! Chinatown me dejó muy buen sabor de boca (en todos los sentidos de la expresión) y tengo claro que pudiendo escoger entre un restaurante de lo más sofisticado o Chinatown, me quedo con este último porque en él vive el alma de la comida callejera.

La última noche en la ciudad nos pusimos elegantes y fuimos hasta Silom, concretamente a Sky Bar Sirocco del hotel Lebua (la antítesis a lo anterior) porque nos pareció la mejor opción para conocer la ciudad en movimiento, de noche y desde las alturas. Como curiosidad, nos contaron que en el hotel, en el año 2011, rodaron la película Resacón 2: ahora en Tailandia protagonizada por Bradley Cooper (OH MY GOD! Como me gusta este hombre) y allí fuimos. He de reconocer que yo soy más de mochila, bambas y comer con las manos pero merece la pena la visita. Sentirte inmenso ante una ciudad vertiginosa, en lo alto de la planta 84 con un buen cóctel en la mano y hacer balance de uno de los mejores viajes de la vida. ¡Eso sí que es saborear el final!

Deseo que os haya gustado este pequeño viaje por la gastronomía tailandesa que, lejos de ser una sibarita, pienso que contrasta tanto con nuestra dieta mediterránea que se merece una mención especial.

Millones de besos.

saborear

Autor: Alba Saskia

Alba Saskia
A veces soy Alba, otras soy Saskia, pero siempre soy Hope.

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