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Foto: Gonzalo Jerez

Manuel Cuesta

Vivimos en una época de superhéroes. Sí, quizás no os habéis dado cuenta porque no son tipos musculosos, ni se pasean en mallas ajustadas; tampoco van volando de un lado a otro ni reparten mamporros a diestro y siniestro. No, los superhéroes de esta época son tipos normales, como tu y como yo, que se levantan cada día con la misión de ganarse el sustento. A menudo, como los protagonistas de los cómics, tienen varias identidades, una apacible y discreta y otra pública, brillante y poderosa, en la que manifiestan todo su talento y con la que dan rienda suelta a sus capacidades artísticas. Hoy os presento a uno de esos superhéroes: Manuel Cuesta.

Manuel Cuesta es un cantautor sevillano, perteneciente a la generación de intérpretes de “canción de autor” que surgió por toda España, a mediados de los años 90. En sus principios se integró en el circuito andaluz, cuyo epicentro era el local sevillano de La Carbonería, para, poco a poco, ir desembarcando en Madrid y, desde allí, ir extendiendo su música por todos los rincones de España. En este 2014, Manuel ha presentado su quinto trabajo musical (Cerca de la tempestad), un disco autoproducido y financiado a través de una campaña de crowdfunding.

Cerca de la tempestad es un disco magnífico, compuesto por 15 canciones, con las que Manuel nos involucra en un viaje emocional con paradas en bellos lugares como el amor, la pasión o la ternura y en otros no tan bellos, como las consecuencias de la situación social y económica que nos está tocando vivir. Es, en suma, un fiel reflejo de su personalidad: tierno y sensible, por un lado y comprometido y solidario, por otro.

Siempre es un placer charlar con un superhéroe de sus hazañas, más aún, cuando es un tipo tan cercano, lúcido y ameno como Manuel; por ello quedamos con él en el madrileño café La Paca para que nos hablara de su carrera y sus pasiones y para que nos contara qué se siente estando cerca de la tempestad.

manuel cuesta la paca cerca de la tempestad

¿Cómo te picó el gusanillo de la música?

Pues como a muchos, cuando me regalaron mi primer instrumento musical, (en este caso, fueron los Reyes Magos, quienes vinieron con una guitarra bajo el brazo). Seguí un aprendizaje autodidacta con la ayuda de The Beatles, que realmente fueron mis profesores de solfeo: tenía unas partituras con las posiciones de los dedos y tenía grabados en casete todos sus discos, así que empecé con Ticket to Ride, Yesterday...

Luego,  seguí con la música de los 80 de la que vienen gran parte de mis influencias: en la parte española gente como Antonio Vega, Revólver o Duncan Dhu y en la parte norteamericana, influida sobre todo por mi padre, por supuesto, Leonard Cohen.

¿Y cómo fueron tus comienzos como cantautor en Sevilla en los años 90?

Yo empecé a dar conciertos a mediados de los 90 en Sevilla y en aquellos momentos estaba surgiendo una corriente en paralelo en otros lugares de España, que dio lugar a una generación de cantautores como Tontxu, Ismael Serrano, Pedro Guerra, Roxana, Kiko Tovar, etc., que dio lugar a un circuito de canción de autor en Madrid pero que, en paralelo, también dio lugar a que en otras ciudades también se desarrolle la canción de autor.

En Sevilla surgió también esa corriente, liderada por el cantautor Alfonso del Valle, que empezó a tocar con una guitarra española en un local llamado La Carbonería, donde se creó una cantera de la que salimos varios cantautores, que estuvimos varios años allí, siguiendo la estela de Alfonso. Al poco, en Granada pasó algo similar y en otras ciudades como Cádiz o Málaga también.

¿A qué crees que se debió el surgimiento de este movimiento? ¿Hubo algún condicionante social o político?

Creo que tuvo que ver con nuestra generación, la llamada “Generación X”, que había gozado de grandes referentes intelectuales y culturales. Ya no hablo solo del cine, que a día de hoy puede quedar como nostálgico (La Guerra de las Galaxias, ET, etc.), sino también en la música, pues habíamos sido testigos de muy buena música, de todos los 80. En esa época, muchos de nosotros estábamos en la universidad, estábamos en una edad entre los 20 y los 30 y cultivados por una vertiente literaria, cinematográfica y musical muy rica.

En lo político, esta época coincide con el momento en el que, después de 14 años de gobierno del PSOE, se produce un cambio importante con la llegada de Aznar al poder. Estábamos quemados por cosas como la corrupción y el tema del GAL y, por primera vez en mucho tiempo, veíamos que, además, el bienestar y el conjunto de derechos que habíamos logrado, quedaba en peligro.

manuel cuesta cerca de la tempestad
Foto: Gonzalo Jerez

De esa primera época sevillana vinieron tus dos primeros discos. ¿Cómo fueron?

El primer disco fue muy artesanal; lo grabamos en casa de un amigo músico, que hizo las veces de productor y se llamó El sonido de lo inevitable, en homenaje a la película Matrix. Fue un disco que funcionó muy bien y, de hecho, a fecha de hoy he vendido unas 3.000 o 4.000 copias físicas.

Mi segundo disco, Días Rojos, ya fue más profesional, grabado en un estudio con productores con mayor experiencia y es un buen disco, al que me hubiera gustado dar mayor repercusión.

Por entonces ya empezaste a actuar en Madrid ¿no?

Del año 2000 a 2004, una o dos veces al mes, me cogía el autobús y me venía por aquí. Me cogí un listado de los locales madrileños de música en directo y fui haciendo una prospección. Empecé en un local de Huertas (La Ofrenda), donde estuve tocando bastante tiempo y luego, antes de que llegaran Libertad 8, Galileo o Clamores, hubo una época en que todos los meses tocaba en el Búho Real.

Para los que veníamos de fuera era complicado, porque no teníamos una cantera de amigos que viniera a los primeros conciertos, llenara el local e hiciera que el dueño quisiera que volviéramos y, además, económicamente, te la jugabas, pues en cada actuación tu cobrabas por entradas o por suplemento en la consumición, lo que a veces no te daba para el billete de autobús y la estancia.

Y luego te trasladaste aquí definitivamente…

Sí, en 2004 me vine a vivir a Madrid. Estratégicamente hablando, vivir en Madrid tiene muchas ventajas, pues puedes hacer el recorrido y las relaciones públicas con los dueños de las salas y los propios músicos de forma más ventajosa que aproximándote desde otra ciudad. Además, aquí conocí a gente afín a lo que yo hacía (algunos ya nos conocíamos y nos intercambiábamos cintas con nuestra música). Todos ellos me han ayudado a aprender el oficio y la mejor forma de desempeñar mi labor, algo esencial, porque, por ejemplo, tu discurso en el escenario debe ser contado en Madrid de forma diferente a como lo cuentas en otra ciudad y hay que aprender esos códigos si quieres tener una constancia en el circuito.

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Autor: Luis Ángel Ramos Cuesta

Luis Ángel Ramos Cuesta
Oteo el horizonte desde Unagi Magazine y os cuento lo que veo. ¡Ah! y además soy el irresponsable responsable de dirigir este proyecto.

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