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Medio Maratón de Madrid

Llegó el día de afrontar el #retommm, de enfrentarme a esa bestia de afilados colmillos que es el Medio Maratón de Madrid, de poner fin a estos cinco meses en que he tratado de sumergirme en el “mundo del running” y contar desde dentro la intrahistoria que hay detrás de la preparación de una media maratón… con la objetividad de alguien que, como yo, no es un runner.

Han sido cinco meses de preparación, de duros esfuerzos, de sudores, frío y noches invernales en los cuales no veo el día de la carrera como una meta, sino como la última piedra de la pirámide.

Para mí tan importante ha sido un día como otro, aunque lógicamente, del resultado de la prueba dependerá el regusto final de la experiencia, pero pase lo que pase mi objetivo ya estaba cumplido llegando a la linea de salida con expectativas de terminar la carrera, algo impensable allá por el mes de octubre.

Soy consciente también que el ambicioso objetivo inicial queda bastante lejos, pues era ciertamente irreal para mis condiciones. Conseguir que alguien con 50 tacos, que habitualmente hace sobre 52:30 en 10K, en cinco meses y entrenando tres días a la semana, baje de 5 min el km en un medio maratón era algo un poco ilusorio. Mi objetivo está más bien sobre 1 h 50′ que creo que es algo factible para mi estado de forma actual.

La preparación ha sido dura y el trabajo de la gente de Personal Running y en especial de Viti, mi entrenador, ha sido espectacular. En cinco meses no se puede convertir a un maduro percherón en un pura sangre, pero sí que han conseguido que me sienta bien corriendo y que me vea capaz de hacer de terminar una prueba de 21k haciendo un tiempo digno, cuando 6 meses atrás, no corría esa distancia ni entre todo un mes.

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Medio Maratón de Madrid – La carrera

Con todos los deberes hechos y la motivación a tope, me planto en la salida, en pleno Paseo del Prado de Madrid, con 40 minutos de anticipación (esta vez Murphy no hizo de las suyas y llego a tiempo y en perfectas condiciones). Lo primero que me llama la atención es la impresionante marea humana que ya abarrota los aledaños del Museo del Prado y la energía que se respira en el ambiente. Había estado en carreras multitudinarias, pero nada comparado con esto (más de 20.000 personas).

Hago el calentamiento de rigor y, cuando queda un cuarto de hora, me voy a colocar en la salida. Primera sorpresa: la calzada ya es una masa compacta e informe de gente (“alguno debe haber dormido aquí para coger sitio”, pienso para mis adentros).

La organización ha puesto unos carteles en los que indica dónde deberían situarse los corredores según la marca prevista, pero como siempre ocurre, cada cual se ha puesto donde le ha dado la gana. Busco, con dificultad (a unos 200 metros del arco de salida), un hueco junto al letrero de 1:45 – 1:50 que es el ritmo que quiero llevar y espero a que suene el pistoletazo de salida… en vano, porque no se escucha nada.

“Parece que han dado la salida”, dicen algunos, pero todo es bastante confuso, hasta que la marea humana empieza a moverse, primero caminando y, poco a poco trotando, hasta pasar por el arco de salida. Comienza lo bueno: We’re going in a highway to hell!!

Los primeros kilómetros son una tortura china. Como siempre, el respeto de muchos de los corredores por los demás, brilla por su ausencia en este tipo de pruebas. Cada cual se ha puesto donde le ha dado la gana y avanzar es una aventura, la gente va lentísima y para seguir un ritmo medianamente digno hay que ir haciendo un zig-zag constante, a base de sprints y parones. Más o menos lo que os contaba en este artículo, pero elevado al cuadrado. Ahora que estoy a tope de energías, no poder ir a mi ritmo me está cabreando mucho.

Llega el km 3 y las dos primeras en la frente: por un lado, aunque quiero y puedo ir mucho más rápido, el tiempo es de 16′, penoso. La segunda, que el GPS de pulsera que llevo tiene un importante desfase con la realidad (90 metros en estos 3 km) así que no me puedo fiar del ritmo que marca… guay, a la antigua usanza.

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Sigo en medio de la marabunta y me doy cuenta de que haga lo que haga, hasta que la carrera se asiente, no voy a poder seguir un ritmo decente y que es absurdo ir corriendo a base de sprints y parones, así que me busco un huequecillo y me dejo llevar por la marea.

Al llegar a Alonso Martínez y girar hay incluso un tapón que casi nos obliga a parar… la calle es demasiado estrecha para desaguar a toda la gente, pero nada más girar, afrontamos la subida de Santa Engracia y todo se despeja. El ancho de la calzada hace que haya sitio para todos y ya cada cual puede hacer su carrera. Son los 5 mejores km del medio maratón. Cojo un ritmo de 5:15 en la subida y voy cómodo, pero el falso llano es un enemigo silencioso.

Al llegar al 10k el crono marca 53:30, algo aceptable, pero los pulmones me queman y voy justo, creo que he gastado demasiadas energías en este arranque. Comienza la segunda parte del recorrido, con frecuentes bajadas, donde planeaba acelerar y recuperar lo perdido, pero, como en la canción de Amy Winehouse, mi cuerpo “say no, no, no!!”. Llego al avituallamiento en el k11 y dedido tomármelo con calma: un gel y una botellita de agua mientras troto unos metros (ese km me sale a 5:50), pero el cuerpo lo agradece, de ir fundido, paso a ir solo cansado.

Pongo el piloto automático y entro en una especie de tunel mental en el que no sé cómo ni por qué, de pronto me encuentro en el km 15. Otro buen trago de agua y ¡a por el final!

Para quienes me han preguntado que cuál ha sido la parte más dura de la carrera, sin duda el km 16. Pasas al lado de la meta, vas muy cansado, empiezas a pensar “¿Qué c**o hago yo aquí?”… y ¡aún te quedan 5 km, de los que casi 3 son en subida! Si hubo un punto en el que tuve que tirar de toda mi fuerza de voluntad fue ese, porque poco después empieza una larga bajada que me sienta de maravilla para recuperar (no tiempo, sino fuerzas).

Y de pronto… llega la Calle Alfonso XII, para quitar las máscaras a todo el mundo. Empieza el km 18, y con él, 2 km de subida, de los que los 300 primeros metros son una tortura. Una fuerte subida y una carretera estrecha hace que la gente que llevo por delante, ralentice su marcha, muchos caminen y otros, de pronto, se paren sin previo aviso.

Tras un par de parones y otro par de choques, subo esta cuesta y afronto el resto de la calle, con menos pendiente. Cada kilómetro ahora se hace eterno, aunque la cercanía de la meta da alas (¡con tal de parar, lo que sea!). Trato de acelerar, pero ya cuesta mucho recuperar cada esfuerzo y esta última subida me está vaciando las reservas.

Entramos en El Retiro y creo que son las fuerzas y los ánimos de la gente, las que me llevan a la meta. Veo el arco de llegada allá al fondo del paseo y me parece imposible que las piernas me lleven hasta allí…pero llego, con el último paso que me quedaba de fuerzas. Hay que gente que dice que “podría haber seguido corriendo”, yo no, casi no me quedan fuerzas ni para llegar a recoger la medalla y la bolsa del corredor.

Miro el crono y… 1:55:27

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Conclusión

Sí, 1:55:27. Un tiempo a mil millas de lo que esperaba hacer. Es cierto que las circunstancias de la carrera no fueron las mejores y que en una prueba menos multitudinaria, podía haber bajado sin problemas dos o tres minutos con el mismo esfuerzo; pero no hay excusas, yo siempre digo que el crono es quien pone a cada cual en su sitio…y ese es el mío.

Las sensaciones que tengo, tras la carrera y tras todo el proceso del reto, son muy diversas.

Por un lado, me siento muy contento y satisfecho de haber participado en el mismo, de haber vivido en primera persona lo que vive un corredor, de haber entrenado, de haber conocido a la gente maravillosa que he conocido y, por supuesto, de haber terminado la carrera, pues el reto no estaba completo sin pasar la línea de meta.

Pero por otro lado, me siento decepcionado con la marca. No lo considero un fracaso, pues fracaso habría sido no cruzar la meta o haberlo hecho con fuerzas para correr 1 km más, pues eso significaría que no lo había dado todo. Pero no refleja, ni de lejos, el trabajo que hemos hecho tanto yo, como mi entrenador a lo largo de este tiempo. Como dicen en mi pueblo, “para este viaje, no hacían falta tantas alforjas”. No tiene mayor importancia, pues como os he dicho, lo verdaderamente importante era llegar hasta aquí, independientemente del resultado, pero no quita para que me deje un regusto amargo.

Siento alegría, siento decepción…y siento alivio, porque tras estos cinco meses, para alguien que no es un runner, esto ya se estaba haciendo muy duro. Volveré a mi bici, a mi pádel, a mi fitness, a mi yoga… y por supuesto a correr, pero ya en un tono mucho más lúdico y festivo, olvidándome de cronómetros y similares.

Mil gracias a todos los que habéis seguido mis peripecias desde el otro lado de la pantalla, habéis sido un aliento y un estímulo durante todo este proceso y me encanta haberos hecho partícipes del mismo. Y dos mil gracias a la familia de Personal Running por haberme acogido estos meses con ellos; ha sido un enorme placer conocerlos y un lujo verlos trabajar.

¡¡Nos vemos!!

 

Autor: Luis Ángel Ramos Cuesta

Luis Ángel Ramos Cuesta
Oteo el horizonte desde Unagi Magazine y os cuento lo que veo. ¡Ah! y además soy el irresponsable responsable de dirigir este proyecto.