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Nacho Ruiz

En pleno siglo XV, el arquitecto —entre otras muchas cosas— Leon Battista Alberti pronunció una frase que ha pasado a la historia: “En este contexto social, el artista no debe ser un simple artesano, sino un intelectual preparado en todas las disciplinas y en todos los terrenos”. Con ella acuñó el concepto hombre del renacimiento.

Esa frase me vino a la mente cuando conocí a Nacho Ruiz, porque encaja a la perfección en la definición de Alberti, algo especialmente reseñable, más aún en tiempos como los actuales en que la mediocridad campa a sus anchas. Y es que este madrileño se desenvuelve con singular soltura por el mundo de la cultura y más particularmente por mundo de la música, en el que destaca en múltiples facetas.

Como músico, cuenta con un brillante currículo, tanto por su paso por el grupo Seine, con el que disfrutó  de las mieles del éxito en los primeros años de este siglo, como con su actual e intimista proyecto Nine Stories, con el ha publicado dos discos exquisitos —Nine Stories y Trafalgar— que han hecho las delicias de crítica y público. Además, está al frente de la discográfica Gran Derby Records, un sello pequeñito que está publicando algunos de los discos más interesantes del panorama indie español en la actualidad. Y, para cerrar el círculo, Nacho es un reputado periodista musical, de cuyas colaboraciones podéis disfrutar habitualmente en medios tan reputados como la revista Rolling Stone o Metrópoli de El Mundo, por citar solo unos cuantos.

Sentarse a hablar con Nacho Ruiz es, por tanto, hacerlo con alguien que, con la autoridad que le da el vivir el mundo de la música en primera persona desde todos los puntos de vista, puede analizarlo con objetividad y precisión. Es, en resumen, un honor y un placer, que quiero compartir con vosotros.

Y para charlar con Nacho, qué mejor lugar que la calle Trafalgar de Madrid, inspiración del título del segundo disco de Nine Stories.

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Dado que eres, a la vez músico, periodista musical y gerente de una discográfica, podríamos decir, utilizando el símil tenístico, que estás a los dos lados de la red. ¿Cómo compatibilizas esos aspectos?

No es que sea algo incompatible en sí mismo; la relación entre el periodismo musical y los músicos no es dialéctica. Sí que es cierto que, como también tengo un sello discográfico —Gran Derby Records—, que me obliga a afrontar también el mundo de la música desde el punto de vista empresarial, es inevitable que, a veces, entre en conflicto conmigo mismo.

Te pongo un ejemplo: a menudo, entre la ingente cantidad de material que nos envían a Gran Derby, hay cosas que, como periodista o como músico me parece que están genial y que me gustaría que salieran adelante, pero que, desde el punto de vista del sello no podemos publicar, porque no podemos dedicarles los recursos humanos ni materiales necesarios para hacerlo con el cariño y la calidad que esos proyectos se merecen.

Y ya que estamos con Gran Derby. ¿Cómo surgió la idea de lanzarte a crear una discográfica?

En nuestro caso primero fueron los discos y luego surgió el sello. Éramos unos amigos que teníamos unos grupos —Nine Stories y Buena Esperanza— con dos proyectos que coincidían en el tiempo y nos planteamos cómo los íbamos a publicar. No acabábamos de ver el sello con el que encajábamos y nos daba pereza meternos en la rueda, que puede ser muy cruel, de enviarlo a las discográficas y que allí no quisieran o no pudieran escucharlo.

Ante esto nos planteamos, ¿y si lo sacamos nosotros? Lo que queríamos era poner nuestro granito de arena para que la rueda siguiera rodando, apoyando la música desde dentro.

¿Qué puede aportar un sello musical a un artista?

Creo sinceramente que, aunque ahora son un poco impopulares, los sellos siguen aportando un valor al proceso musical. En primer lugar porque hay mucha gente que, literalmente, no sabe qué hacer en este mundo en el que nadie te da clases al respecto y,  en el que una vez que has grabado un disco te planteas decenas de cuestiones como: “¿Qué hago para que las radios pongan mi disco?” o “¿Cómo llevo mi disco a las tiendas?” Esa es una de nuestras labores: ayudar al músico a que esté solo preocupado de la música.

Por otro lado, hoy día hay una sensación de inmediatez; parece que si algo no funciona al primer intento ya no es bueno o no tiene futuro, cuando lo cierto es que muchos grupos han necesitado un periodo largo de desarrollo y evolución. Un sello puede plantear una carrera musical como un proyecto a largo plazo, confiando en el músico y creo honestamente que esto lo estamos consiguiendo; los segundos discos de los grupos que hemos sacado son mejores que los primeros, se nota una evolución.

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¿En Gran Derby mantenéis alguna línea musical concreta?

En el principio no había una decisión fundacional que nos llevara hacia uno u otro estilo musical. Queríamos que nuestras señas de identidad fueran la calidad de la música que publicáramos, el cuidado de los proyectos, la visión artesanal en el sentido del cariño que se pone a los distintos proyectos.

En cuanto a la etiqueta musical, estamos abiertos a todo. Quizás la inclinación natural de los que formamos Gran Derby es que nos guste un determinado tipo de música, más folk o pop, pero no tendríamos ningún problema (de hecho, nos encantaría) sacar un disco de electrónica o hip-hop.

 Siendo un sello tan pequeño y homogéneo supongo que en Gran Derby  seréis como una pequeña-gran familia.

Todos los que estamos en Gran Derby hemos entendido que este es un proyecto colaborativo y que para salir adelante todos tenemos que poner todo nuestro talento y nuestro esfuerzo. Trabajamos de forma muy colaborativa y también funcionamos colaborativamente en cosas como el reparto de beneficios —en que vamos al 50% con los grupos— que era una forma muy común de trabajar en los sellos independientes norteamericanos de los 80.

Al principio teníamos un lema, que venía a decir que sacábamos los discos de nuestros amigos con talento y también los de aquella gente que tenía tanto talento que sabíamos que se iban a acabar convirtiendo en nuestros amigos.

 

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Autor: Luis Ángel Ramos Cuesta

Luis Ángel Ramos Cuesta
Oteo el horizonte desde Unagi Magazine y os cuento lo que veo. ¡Ah! y además soy el irresponsable responsable de dirigir este proyecto.

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