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Poderes extraños

PODERES EXTRAÑOS. Sala: AZarte. Autor: Guillermo Laín Corona. Dirección: Guillermo Laín Corona. Reparto: Laura Río (Silvia), Carolina Olmedo (Coro), Rafa Salazar (Hombre 1) y Quim Ramos (Hombre 2). Fechas: desde el 8 de septiembre de 2016.  Horario: jueves a las 21 h. Entradas: desde 14 €.

No pensaba decir / Todo lo que siento / No quería decirlo, pero tú… / Tú tienes poderes extraños sobre mí.

Permitidme que comience mi reseña con este extracto de la letra de la canción Poderes extraños, de La Bien Querida, no solo porque ese es, precisamente, el título de la obra de la que os voy hablar, sino porque este tema se convierte en el leitmotiv del montaje y representa tanto la justificación del mismo, como la materialización del mensaje que se pretende transmitir.

Y es que Poderes extraños es una obra teatral que trata sobre los micromachismos: ese tipo de violencia machista tan sutil, cotidiana e invisible que en muchos casos se ha naturalizado, hasta tal punto de pasar desapercibida… para la mayoría, excepto para la mujer afectada, a la que, con toda la razón, le sienta como un tiro.

Obviamente, este es un concepto tan vago y tan novedoso, que viene a ser como un cajón de sastre el que caben múltiples conductas de muy diversa gravedad. Más aún, partiendo de que la mayor parte de las conductas son objetivamente reprobables, la importancia o no de la ofensa será subjetiva y será la educación, contexto o posición social de la afectada la que mida la intensidad del agravio.

Si miramos a nuestro alrededor el micromachismo, como el amor de la canción… “is in the air”, especialmente en una sociedad como la española que aún no ha soltado amarras de la educación machista de épocas pretéritas. Gestos aparentemente galantes o inocentes como el piropo callejero, el “pago yo que soy hombre”… en realidad pueden ser como afilados dardos que hieran a las afectadas. Más graves son las discriminaciones laborales o sociales que tienen que sufrir las mujeres por el hecho de serlo, las cargas familiares que deben soportar y los menosprecios al que son sometidas en muchas situaciones cotidianas.

Todas estas situaciones, y algunas otras, se reflejan en este fenomenal montaje en el que medio en broma, medio (y muy) en serio se aborda el asunto de los micromachismos.

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¿De qué va Poderes extraños?

Silvia es una joven y brillante publicista. Es inteligente, es trabajadora… y también es atractiva y madre divorciada, rasgos todos ellos que marcarán el devenir de su historia. La trama nos cuenta, a modo de mosaico compuesto por varias historias, un día en la vida personal y laboral de esta mujer y por todo lo que tiene que pasar.

Unos agrestes piropos mañaneros dan paso a una reunión laboral en la que tiene más importancia su cuerpo que el brillante informe que ha realizado, un ninguneo laboral en el que es peor considerada profesionalmente que sus compañeros masculinos y en el que la tarea de ser una brillante profesional y conciliarlo con ser una buena madre es algo digno de una superheroina.

Y, esto no es todo, pues como decía el gran Murphy… “si algo puede ir a peor… irá”, y ya lo creo que va.

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Si Poderes extraños me ha gustado ─y lo ha hecho, y mucho─ ha sido en buena medida por el excelente texto, obra de Guillermo Laín Corona. A la calidad objetiva que se le presume a un distinguido hispanista como él, une un amplio abanico de virtudes. Me encanta su forma de afrontar este problema, como una comedia de tintes ácidos, en la que lleva las distintas situaciones hasta el punto de lo grotesco, para que de ese modo cualquiera se ponga en la piel de la protagonista y las sufra en sus carnes.

Se notan sus dotes docentes, pues trata de concienciar a través de la diversión; genera empatía con la víctima incluso desde posiciones en principio alejadas a ella. Que las mujeres empaticen con Silvia es muy sencillo: ellas son Silvia, en mayor o menor medida, todos los días. Pero que lo hagamos los hombres, tiene mucho mérito por su parte y es que, a través de las aventuras y desventuras de Silvia, reconocemos comportamientos que hemos realizado o visto realizar, aunque haya sido de forma inconsciente, y asumimos la incorrección de los mismos. Podríamos decir que hace un planteamiento muy similar al de esas maravillosas películas animadas de Pixar, en las que, a través de una trama cómica, se lleva a los chavales ─y menos chavales─ a asumir valores positivos.

Además, es especialmente reseñable que el autor huye de todo tipo de maniqueísmos y enfoca la temática desde un punto de vista en el que no solo hay blancos y negros, sino todo tipo de grises.

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El montaje, en sí mismo, es una joya, plena de recursos teatrales de todo tipo. Laín Corona utiliza la metaficción o narrativa autorreferencial, para hacer reflexionar al público sobre los distintos puntos de vista frente a las situaciones que están viendo. Los actores se escapan por momentos del corsé de sus personajes y juzgan a estos, incluso rompiendo la cuarta pared y debatiendo con el público: ¿Silvia tiene razón al quejarse o está exagerando? ¿lo que le ocurre es “lo normal”?…

Los flashback y flashforward se suceden, transmitiendo la impresión de estar viendo un cómic en el que el personaje de Coro, hace de personaje, narrador e, incluso, dibujante.

Partiendo de un acusado minimalismo escénico, el peso del montaje recae sobre el texto y las interpretaciones, lo cual es un acierto. Fantásticos los diálogos y la construcción de las situaciones, tan agudas como realistas e ingeniosas ─me encantó la narración del intercambio de whatsapps y emoticonos entre Silvia y su chico─.

El elenco

Como decía antes, el texto es magnífico, pero su peso exige un trabajo intensivo a los actores y estos lo hacen suyo y le dan gran brillantez.

Espectacular Laura Río como Silvia, (no, Ríos no, sin “s” final; cuando veáis la obra lo entenderéis 😉 en un papel que la obliga a estar toda la obra en escena y llevar el peso de la función. Laura atrapa al espectador en su interminable conversación telefónica y hace creibles todas las desdichas que sufre Silvia a través de una gran naturalidad que engancha al público desde el primer momento. Además, su talento inmenso para la comedia, aparece cuando tiene que aparecer y arrancar las risas de los espectadores y su registro dramático nos lleva a sufrir con ella lo descarnado de la tragedia, pero todo desde una naturalidad admirable.

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Si Laura es la brillantez a través de la naturalidad, Carolina Olmedo, representa la brillantez desde lo excesivo. Su papel de “personaje buscando autor”, personificado en un coro freelance y lenguaraz es muy atractivo, pero exige mucho, y Carolina está impecable. Emotiva y veraz cantando Ojos verdes, Un ramito de violetas y la mentada Poderes extraños, Carolina está divertidísima en sus intervenciones cómicas y fantástica en la evolución de la comedia a la tragedia.

Y los dos chicos, Rafa Salazar y Quim Ramos, están también estupendos desempeñando todos los roles masculinos que les toca asumir, que no son pocos. Desde el jefe discriminador, sobón y buenrrollista o el tipo atolondrado y pazguato que borda Ramos, hasta los chuletas babosos y superados que interpreta magníficamente Salazar, todos los personajes que hacen son tan veraces que, al menos yo, les iba poniendo caras de gente que ─lamentablemente─ la vida ha ido poniendo en mi camino ─ojalá hubiera puesto más gente como Silvia─.

Para los cuatro, todo mi reconocimiento y 👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻

En fin, chicos y chicas, que Poderes extraños es una obra estupenda, tan divertida como ácida y que hace reflexionar profundamente. Esperemos que la próxima temporada puedan subir a alguna sala más grande, porque por texto, temática, enfoque e interpretaciones, es un trabajo que merece ser visto por mucha gente.

Y me voy como vine, con el telón de fondo del oscuro y electrónico pop de La Bien Querida, grabando a fuego el mensaje que deja esta obra:

No quiero esperar toda la semana / hasta que llegue el viernes / No quiero esperar todo el año / a las vacaciones / No pienso esperar toda la vida / Para poder ser feliz…

Autor: Luis Ángel Ramos Cuesta

Luis Ángel Ramos Cuesta
Oteo el horizonte desde Unagi Magazine y os cuento lo que veo. ¡Ah! y además soy el irresponsable responsable de dirigir este proyecto.