san silvestre zamora 2015 diciembre #retommm personal running

¡Viva San Silvestre!

Empezamos un nuevo año, y la mejor forma de hacerlo era contaros como despedí el anterior: corriendo una San Silvestre.

Este es el año en que tendré que asumir el #retommm y por ello, dentro de esta nueva filosofía runner en la que me he visto inmerso, había que cumplir con la tradición que manda que hay que despedir el año corriendo y honrando a un tal San Silvestre. Parece que en este país lo de correr para honrar un santo es una tradición extendida, que se lo pregunten si no a los pamplonicas; aunque en mi caso, al menos, no había toros 😉

Lo cierto es que es una costumbre muy saludable y divertida, que no es la primera vez que ponía en práctica y que os recomiendo muy encarecidamente que llevéis a cabo. Pero antes de seguir, permitidme que haga un pequeño paréntesis cultural (en esta web no podía hacer menos) y os cuente quién era San Silvestre y por qué se invoca su nombre el último día del año para ponerse las mallas y correr como si no hubiera un mañana.

Pues bien, amiguitas y amiguitos, Silvester o Silvestre I fue uno de los primeros Papas (el 33º para ser más exactos). Su pontificado fue largo y plácido y terminó a su fallecimiento, precisamente el 31 de diciembre del año 335, motivo por el cual, el santoral le dedica el último día del año (por cierto, felicidades retrasadas, Mr. Stallone 😉

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Os preguntaréis… ¿Cómo termina un papa del siglo IV dando nombre a unas carreras populares? Pues para explicarlo, tenemos que remontarnos a los primeros años del siglo pasado. Allá por 1920, en algunas localidades de Francia era costumbre recibir el año nuevo con unas carreras nocturnas en las que los participantes portaban unas antorchas. Quiso el destino que un periodista brasileño viera la de París en 1924 y, fascinado por la experiencia, decidiera hacer algo parecido en su país.

Así nació, el 25 de diciembre de 1925, la San Silvestre de Sao Paulo, llamada así en honor del santo del día (precisamente, nuestro viejo amigo, el Papa Silvestre). Esa carrera, que aún continúa y se ha convertido en la San Silvestre por excelencia, partía casi a la medianoche del 31 de diciembre para terminar en los primeros minutos del 1 de enero, conservando así todo su significado de recibir el nuevo año corriendo.

En España, la primera en correrse fue en Galdácano en 1961, si bien la más popular es la San Silvestre de Madrid, más popularmente conocida como Vallecana, no solo porque termina en el popular barrio madrileño, sino porque allí fue donde nació con el nombre de Gran Premio Vallecas allá por 1964.

La moda se fue extendiendo y son cientos de localidades las que acogen una carrera con la denominación de San Silvestre para festejar el último día del año, tanto en nuestro país (donde se celebran más de 200), como en el resto del mundo.

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En su origen, el único punto en común entre todas ellas, era el día en que se celebraban, variando horarios y distancias. El devenir de los tiempos e imperativos comerciales y logísticos (básicamente de orden público) han hecho que ya no se lleven a cabo a medianoche (lo que molaría mucho…comerse las uvas y que la campanada 12 fuera la salida) y que ahora se celebren a media tarde. Incluso algunas localidades (como Salamanca por ejemplo), no la celebran el día 31… nada que objetar…pero entonces, no la llamen San Silvestre, sino Carrera Navideña, Carrera de Fin de Año o similares.

Este año, pasé la nochevieja con la familia en Zamora y no dudé en apuntarme a la San Silvestre Zamorana por múltiples razones: me servía como entrenamiento del día y era una oportunidad magnífica para recorrer una ciudad tan preciosa a la caída de la tarde y reencontrarme con viejos amigos de los que los destinos laborales me habían separado hace años.

Esta San Silvestre es peculiar por diversos motivos, que a los que corráis la madrileña os resultarán llamativos.

En primer lugar su escasa distancia (3.600 metros)… Sí, es lo que hay; Zamora es un sitio tan bonito como pequeño y hacer una carrera por el centro hace que necesariamente sea corta (y eso que el circuito tiene forma de 8 para abarcar más espacio).

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Al tener lugar por la zona del casco viejo, discurre en gran parte por callejuelas estrechas, en continuo sube y baja y con suelo de piedra (lo que te suelen recordar tus rodillas al día siguiente). Salvo un pequeño tramo, nada de grandes avenidas. Eso sí, dado que la participación no es muy amplia (alrededor de 2.000 personas entre todas las categorías), salvo en los primeros 200 metros, no hay agobio de ningún tipo y puedes correr al ritmo que te permitan tus piernas.

Pero sobre todo, lo más llamativo es la belleza del recorrido, como podréis apreciar en las fotos que ilustran este artículo. Zamora es una ciudad preciosa, la perla del Románico y el hecho de poder correr por sus recovecos medievales, por calles empedradadas iluminadas con faroles, con palacios y majestuosas iglesias como mudos testigos, es una experiencia tan maravillosa como recomendable. De hecho, es tan maravillosa, que si sois runners y váis por allí de visita alguna vez, os recomiendo que hagáis un trote por el recorrido de esta carrera, para disfrutar de toda la belleza de la ciudad.

¿Y qué tal me fue a mí? Pues dado lo corto del recorrido, nos lo tomamos como un entrenamiento de calidad; un test, para ver cómo iban las piernas después de dos meses de entrenamientos. Eso quiero decir que desde el minuto 1 había que salir a darlo todo y estar un cuarto de hora galopando en estampida con el corazón saliéndoseme por la boca. Finalmente, cubrí el recorrido a una media de 4’23”, que no es nada del otro mundo, pero que a mí me supo a gloria, habida cuenta de que hace dos meses no bajaba de 5′ en series de esa distancia. Parece que vamos bien con el #retommm 🙂

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Pero más que con el tiempo, me quedo con la experiencia, con los ánimos de la familia y amigos cuando pasabas a su lado (porque allí, nos conocemos todos); con los abrazos entre todos al pasar la meta, independientemente del tiempo y resultado; con las sonrisas y el buen rollo de la gente y, sobre todo, con el espíritu deportista y saludable que se respiraba.

Como decía al principio, es una tradición maravillosa que intentaré cumplir todos los años, esté donde esté y que os recomiendo a todos que hagáis: sudar toda la mala leche del año anterior y entrar en el nuevo con cuerpo y mente limpios, hace que nos llenemos de energía.

Y nada más ¡Viva San Silvestre! y ¡¡FELIZ 2016!!

Autor: Luis Ángel Ramos Cuesta

Luis Ángel Ramos Cuesta
Oteo el horizonte desde Unagi Magazine y os cuento lo que veo. ¡Ah! y además soy el irresponsable responsable de dirigir este proyecto.

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