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Al King, " Happy Sad" via Flickr, Creative Commons Attribution.

¿Se puede cambiar?

Esa es la pregunta: ¿Es posible cambiar?

Como hemos visto en los artículos anteriores, las emociones son fundamentales en nuestro desarrollo día a día. Son respuestas a los estímulos que generan reacciones físicas en el cuerpo para que este pueda actuar.

Hasta hace poco, no éramos conscientes de la importancia de las emociones en nuestra vida, no habíamos aprendido a gestionarlas adecuadamente para un buen desarrollo emocional. Ahora sabemos que son vitales para nuestra supervivencia y que debemos aceptarlas sin juzgar si son buenas o malas, porque es, precisamente, el deseo de no sentirlas lo que genera nuestros bloqueos emocionales.

Ahora bien, antes de hacernos la pregunta anterior, tenemos que hacernos otra: ¿Qué queremos decir cuando hablamos de cambiar? Realmente, el único ámbito en el que podemos influir es en el interno, en nosotros mismos. ¿Cómo? Aprendiendo a gestionar nuestras emociones y cambiando las respuestas que traíamos del pasado.

Pero este proceso, no es sencillo, requiere de un aprendizaje interior, de conocernos a nosotros mismos. Para esto, contamos con el apoyo de las terapias complementarias —Reiki, meditación, etc.—, pero solo el conocimiento de uno mismo, puede aportarnos la armonía con nosotros mismos y, en consecuencia, la felicidad.

Volvamos ahora con la pregunta principal, ¿es posible cambiar? ¡Por supuesto! Pero es un proceso lento y que requiere un aprendizaje, porque para cambiar ese “yo ficticio” que hemos ido generando, es necesario tiempo. Hemos tardado años en crear ese “yo” y, de repente, queremos un “yo” completamente nuevo. Si ante un problema alguien reacciona con ira, no podemos pretender que, de la noche a la mañana, reaccione con paciencia.

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Ally Aubry, “Nicole’s Many Emotions” 29/05/2008 via Flickr, Creative Commons Attribution.

Este cambio es posible, pero es un proceso gradual, construido a base de muchos pequeños microcambios, de los que, muchas veces, no seremos conscientes. Es un proceso que requiere un esfuerzo, porque supone dejar hábitos, creencias, etc. consolidados y cambiarlos por otros nuevos.

Lo que quiero decir es que se puede cambiar, pero no esperes cambios bruscos ni radicales. Debes llevar a cabo un camino interior, un camino que te llevará a conocerte en el que cada jornada de viaje será importante. Simplemente disfruta cada día de tu proceso, porque es único y no lo volverás a repetir, observa tus pequeños logros y disfruta de ellos.

Piensa que esos pequeños cambios que vas consiguiendo en tu interior, crearan también una realidad diferente fuera de ti, tu eres diferente cada segundo, todo está en constante cambio. La clave está en que una vez que hayas iniciado el camino, no te detengas; piensa que toda siembra tiene una cosecha y si tú has plantado las semillas adecuadas en tu interior y las has regado correctamente, antes o después verás los frutos.

Recuerda que todo cambio requiere de constancia, esfuerzo, perseverancia, fe, confianza, etc. y que el resultado será proporcional a la cantidad de estos factores que hayas puesto en la tarea.

Conócete a ti mismo y la felicidad aparecerá; pero no te quedes esperándola, búscala día a día entre tus vivencias, entre tus grandes y pequeños momentos, en los felices y en los tristes, porque, recuerda, la felicidad es un estado de armonía, un estado en el que estás en sintonía con la emoción y con la situación que estás viviendo en ese momento.

Autor: Carolina Álvarez

Psicóloga y terapeuta, me dedico a este hermoso mundo del bienestar y la salud, donde la magia fluye cada día. Realizo terapias y cursos, y me encanta escribir acerca de cómo encontrarnos a nosotros mismos.

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