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¡Secundarios al poder! (II)

En uno de mis primeros artículos en esta web os hablaba mi pasión por los personajes cinematográficos secundarios y lo injusta que es, a menudo, su valoración y la de los actores que los representan.

Ellos son el telón de fondo que sustenta la trama, el pegamento que la hace coherente y al final, toda la atención la acaparan los llevan los personajes protagonistas (que no está mal que lo hagan, pero alguna les podían reservar a los secundarios).

Aquél artículo tuvo una excelente acogida y muchos de los lectores me propusieron que hiciera, al menos, una segunda parte del mismo, proponiéndome incluso sus secundarios favoritos (alguno de los cuales incluyo en este artículo). Por ello, aquí va la segunda entrega de mis personajes cinematográficos secundarios favoritos. Si os gusta, habrá una tercera entrega, prometido 🙂

Mickey O’Neill – Snatch

Snatch (aquí traducida como Snatch, cerdos y diamantes) es una película coral, muy al estilo de Tarantino, lo que hace que la frontera entre secundarios y protagonistas sea bastante difusa (por ejemplo, ¿quién es el protagonista de Pulp Fiction?).

Esto hace que en esta película de Guy Ritchie haya muchos secundarios que brillen con luz propia y que merecerían estar en esta lista: el mujeriego y juerguista ladrón Frankie “cuatro dedos”, interpretado por Benicio del Toro, el memorable e invulnerable traficante de armas Boris “The Blade” interpretado por el croata Rade Šerbedžija y el despiadado gángster Brick Top (aquí traducido como “el ladrillo”), interpretado por Alan Ford, con sus enormes gafas de culo de vaso, su mal humor permanente, sus matones del tamaño de un meteorito y sus cerdos “eliminadores de residuos incómodos”.

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De entre todos ellos, me quedo con Mickey O’Neill, un gitano deslenguado, pendenciero, sucio, malhablado, que se gana la vida en combates de boxeo ilegales. Como le definen en la propia película:

Resulta que el tirado de la lengua larga y los tatuajes era campeón gitano de boxeo sin guantes, o sea, más duro que un clavo en un ataúd.

Tal es su relevancia en la trama de la película, que es el típico caso de secundario que podría ser considerado protagonista, aunque en esta película ese papel corresponde al Turco (Jason Staham). Para encarnar un papel tan complicado y tan bien escrito, Ritchie eligió a un actor al que le fascinan este tipo de retos: Brad Pitt y el bueno de Mr. Pitt, lo borda en una de las mejores interpretaciones de su carrera, diametralmente opuesta a su imagen pública de refinado guaperas. Un actorazo, haciendo un papelazo, que merece entrar por méritos propios en esta lista.

Ya os comentaba en mi anterior artículo, que los grandes secundarios suelen tener como lema una frase, que luego se repite por sus incondicionales fans. En este caso, es verdaderamente complicado, porque dado el extraño dialecto que habla, prácticamente no se le entiende nada en toda la película. De todo ese galimatías, yo me quedo con esta: “La liebre está jodida, pero… ¿bien jodida?”

Ruby Rhod – The Fifth Element

The Fifth Element, aquí conocida como El quinto elemento es una maravillosa ida de olla del francés Luc Besson. Una película que, aunque comienza con pretensiones de ser un trascendente film de ciencia ficción (el bien contra el mal y todo eso), acaba convirtiéndose en una alocada y disparatada comedia futurista, que ha acabado convirtiéndose en una peli de culto entre el “freak system” (en el que este caso, me incluyo sin vacilar) y en todo un éxito de taquilla (aunque su presupuesto fue de 80 millones de dólares, recaudó en taquilla 263 millones).

A ello contribuyó tanto la delirante historia propuesta por Besson, como los personajes que toman parte en ella, encarnados por un elenco en estado de gracia: Bruce Willis como Korben Dallas, un héroe por accidente, que en realidad es la versión futurista de John McClane (“Mira bonita, yo solo hablo dos idiomas: normal y con tacos”), Milla Jovovich en todo el esplendor de su belleza y Gary Oldman, como el malo malísimo Jean-Baptiste Emanuel Zorg, en uno de esos papeles tan histriónicos que tanto le gustan. Como curiosidad, hay que decir que, en principio, los elegidos para interpretar a la pareja protagonista eran Mel Gibson y Julia Roberts.

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Pero en esa peli, además, hay un personaje ante el que solo cabe la adoración o el odio profundo: la estrella de talk show Ruby Rhod, interpretado por Chris Tucker. Ruby es de esos personajes tan extremos, tan irritantes y tan estridentes que se ha convertido en uno de los personajes con más admiradores y detractores de la película (no en vano, a menudo se le ha llamado “el Jar Jar Binks de El quinto elemento“).

Si ya Chris Tucker es un actor bastante cargante en sus interpretaciones, en este caso, en que su personaje le pide que sobreactúe, es irritante en grado sumo. Porque Ruby Rhod es un libidinoso, andrógino y estridente comunicador que ataviado con un extravagante vestuario de Jean Paul Gaultier (ante el que Lady Gaga parecería una persona discreta) y rodeado de una corte de acólitos afeminados y chillones, convierte la película en una jaula de grillos cuando aparece.

¿Su frase? “¿Verde?… ¡Super verde!

Hans Landa – Unglourious Basterds

Y del espacio, nos vamos a la Francia ocupada durante la II Guerra Mundial, con Unglourious Basterds (aquí traducida como Malditos Bastardos), esa maravillosa fantasía distópica de Quentin Tarantino.

Una de las especialidades del genio de Knoxville es la de crear personajes que quedan grabados con tinta indeleble en nuestra memoria y en esta película lo volvió a hacer con Hans Landa, un coronel de las SS, experto en cazar judios ocultos en la Francia ocupada. Landa es inteligente, despiadado, culto, políglota (habla con fluidez alemán, inglés, francés e italiano, algo vital en la película, así que, por favor vedla en V.O.) y sobre todo, carismático, convirtiendo cada una de sus escenas en una obra maestra .

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Otra de las especialidades de Tarantino es rescatar del olvido a actores en horas bajas y volverlos a llevar al estrellato (léase John Travolta) o sacar a la luz a actorazos con talento y experiencia, pero hasta ese momento desconocidos. Ese fue, por ejemplo, el caso de Samuel L. Jackson y ese es el caso del actor que se ocupa de dar vida a Landa, el austriaco Christoph Waltz.

Con más de 30 años de su carrera a sus espaldas, repartidos entre el cine y la televisión del mundo germanoparlante, pero siendo un completo desconocido para el gran público, Waltz, se ocupó de encarnar al sádico coronel y construyó un personaje tremendo, lleno de profundidad y matices, algo que le valió el pleno de premios más prestigiosos a un actor secundario: el Óscar, el Golden Globe, el del Sindicato de actores, el BAFTA y el del Festival de Cannes.

¡Ah, se me olvidaba su frase! También muy al estilo de Tarantino, cada frase que sale de su boca es una sentencia y merecería estar aquí. Como ejemplo, me quedo con esta: “¡Adoro los rumores! Los hechos pueden ser engañosos; los rumores, ciertos o falsos, son muy reveladores”.

Keyser Söze – Usual Suspects

Y así, colorín colorado, llegamos al final de este artículo con el último de los secundarios maravillosos de los que os hablo. Y en este caso, es totalmente atípico. ¿Por qué? Pues porque Keyser Söze es un “secundario invisible”, que no aparece físicamente en la película (salvo breves, e imaginarias, imágenes de un hombre de larga melena a contraluz de un incendio).

Pero no nos engañemos, que no se le vea, no quiere decir que no sea omnipresente: él es el motivo de la película, él es el criminal al que todos buscan y nadie ha visto y, sobre todo, él es un ser aterrador capaz de las mayores atrocidades, alguien con quien sueña el diablo el día que tiene pesadillas.

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Toda la película se centra en intentar averiguar quién es, qué ha hecho, de dónde viene… todas ellas, preguntas sin respuesta. Únicamente al final de esta maravillosa película se averigua la verdadera identidad de Söze (tranquilos que no haré spoilers 😉

También este personaje tiene sus frases, aunque, lógicamente no salen de su boca, sino de la del tullido Verbal Kint, que es quien va narrando su historia (por cierto, merecidísimo el Óscar a Kevin Spacey por este papel): “¿Conoce usted la frase ‘temor de Dios’? Pues bien, yo creo en Dios…y, sin embargo, temo a Keyser Söze” y, sobre todo, “El mejor truco que el diablo inventó fue convencer al mundo de que no existía”.

Autor: Luis Ángel Ramos Cuesta

Luis Ángel Ramos Cuesta

Oteo el horizonte desde Unagi Magazine y os cuento lo que veo. ¡Ah! y además soy el irresponsable responsable de dirigir este proyecto.

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