Tipos infames: vinos y libros

En uno de mis artículos anteriores comentaba que, en su denodada lucha contra la crisis, cada vez había más cafés que estaban ampliando su oferta de servicios para hacer mucho más placentera la estancia en los mismos y de paso, atraer a nuevos clientes. Fruto de este fenómeno están surgiendo los cafés-teatro, cafés-librería, etc.

Hoy vamos a hablar de un establecimiento que ha seguido el camino inverso: Tipos infames: vinos y libros. Concebido como una librería ha ido evolucionando hasta convertirse en una enoteca-café-sala de exposiciones, sin perder, por supuesto su carácter predominante de librería.

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Foto: Alejandra Rodríguez Bueno

A los mandos de este templo de la cultura en su más amplio sentido se encuentran tres amigos: Francisco Llorca, Gonzalo Queipo y Alfonso Tordesillas. Tres tipos —nada infames, por cierto—que decidieron dar una vuelta de tuerca al negocio de las librerías, cuando abrieron su establecimiento en el madrileño barrio de Malasaña, tomando dos decisiones que, en principio, parecen antagónicas: por un lado eligieron la especialización y por otro la diversificación. La especialización la alcanzaron seleccionando cuidadosamente su oferta literaria: narrativa, ediciones independientes, clásicos, autores jóvenes, etc. La diversificación la consiguieron a través de las múltiples actividades que plantearon, configurando su librería más como un centro cultural que como una librería tradicional: añadieron la cafetería; se adentraron en el mundo del vino, totalmente complementario con los libros, porque pertenece también a la idea de la cultura entendida como disfrute; habilitaron una sala en la parte inferior, donde hacen exposiciones, presentaciones de libros, conciertos, catas de vinos, etc.

El peculiar nombre del establecimiento —muy literario, por cierto— surgió de una exposición sobre Rimbaud que fueron a ver en la que estaba el cuadro Un coin de table de Henry Fantin Latour, un retrato de Les Vilains Bonshommes, un grupo de artistas que se reunía habitualmente en el París de finales del siglo XIX, compuesto, entre otros, por Verlaine y Rimbaud. El cartel con el título del cuadro traducía el nombre de dicho grupo —que, en realidad, sería algo así como “villanos honestos”— como “Tipos Infames”. Esa denominación les gustó, tanto por lo pintoresco de la traducción, como por relación con la literatura y por el doble sentido —más literario, aún— de la palabra “tipos”.

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Foto: Alejandra Rodríguez Bueno

Los dos pilares básicos de la librería son, obviamente, los libros y los vinos. En libros, trabajan exclusivamente libros nuevos —nada de segunda mano, ni de viejo— y, dentro de ellos, fondo y novedad —entendiendo la novedad como lo que acaba de salir—, pero lo que les define como librería, su ADN, es el fondo, los clásicos, los libros que les gustan, no estando sujetos a la rabiosa actualidad y al best seller. Su idea es intentar ofrecer un espacio para que libros que no tienen tanta visibilidad se puedan ver y, en consecuencia, leer y comprar.

En cuanto a los vinos, surgió una vez abierto el local y cada vez se ha ido consolidando más, hasta convertirse en otra de las señas de identidad del local. Tratan al vino con el mismo cariño que a los libros y seleccionan cuidadosamente su oferta: no disponen de muchas referencias, lo que les permite jugar con vinos diferentes a los que te puedes encontrar en cualquier supermercado, vinos de autor . Fundamentalmente apuestan por los vinos nacionales, pero dentro de eso, se mueven con bastante libertad por las distintas denominaciones.

Tipos Infames, una excelente librería, pero también algo más, y no solo un café, una enoteca o una sala de exposiciones; ante todo es un lugar donde dejar que los cinco sentidos disfruten.

Autor: Luis Ángel Ramos Cuesta

Luis Ángel Ramos Cuesta
Oteo el horizonte desde Unagi Magazine y os cuento lo que veo. ¡Ah! y además soy el irresponsable responsable de dirigir este proyecto.