LOS 100 HIJOS DEL PRESIDENTE. Lugar:  Teatro Lara; Calle Corredera Baja de San Pablo, 15 (Madrid). Autor: JuanMa F. Pina. Dirección: Juanma F. Pina. Reparto: Mario Alberto Diez, Victoria Mora, Alex Larumbe y Aixa Villagrán. Producción: Maria José Portilla. Arte: Juan Camblor y Ángela Galán. Producción Ejecutiva: Rafa Sánchez. Sonido/Iluminación: Luis González. Fechas: desde el 25 de septiembre de 2014. Horario: Jueves, 22:15 horas.

Cuando aún no se han enfriado los cadáveres —nunca mejor dicho— de Lavar, marcar y enterrar, vuelvo por aquí para reseñaros el estreno de la nueva obra de la productora teatral Montgomery Entertainment: Los 100 hijos del presidente.

Sí, porque este joven colectivo destinado a la gestión de proyectos teatrales, une a su ya contrastada calidad, una hiperactividad digna de elogio. En los tiempos que corren, no es habitual tener dos obras en cartel simultáneamente, en dos grandes teatros y casi con el mismo elenco. Y no solo eso, sino que con cada nuevo montaje siguen evolucionando y experimentando con nuevos lenguajes narrativos y nuevas vías —integrando el texto con otras artes audiovisuales, explorando las posibilidades de la escenografía y el uso del espacio escénico—, lo que hace que cada espectáculo sea especial.

Su nueva obra, como ya os he adelantado, lleva por título Los 100 hijos del presidente y va de… No, mejor que os lo cuente directamente la gente de Montgomery Entertainment:

Verónica, psicóloga en uno las mejores centros de fertilidad de Madrid, decide mejorar su plan de jubilación al margen de la legalidad. Para ello cuenta con la colaboración de su ayudante Niko, un enfermero misántropo con un peligroso gusto por Wagner, y Jorge, uno de los donantes de semen del centro. El día antes de que se lleve a cabo la operación, Paula, una esteticién con un pasado convulso, forzosamente entra a formar parte del heterogéneo grupo. Solo Lupita Venganza podría convertirse en un peligro para el improvisado cuarteto, pero la anciana —como ella misma dice— ya no está para “luchas callejeras y homicidios en gasolineras”.

100 hijos presidente

Así planteada, Los 100 hijos del presidente es una comedia muy divertida e irreverente, en la que sus cinco personajes principales, que aparentemente no pueden ser más dispares, solo tienen una cosa en común: México. El país centroamericano se convierte así en un personaje más de la obra conformando el telón de fondo omnipresente en la trama.

Concretando más, podríamos decir que es una típica “comedia de atracos”, ese género que ha dejado obras maestras en el cine italiano y español —quién no recuerda, por ejemplo la genial Atraco a las tres—, pero en este caso, el autor, JuanMaPina, la ha pasado por el tamiz del Pedro Almodóvar más alocado y divertido —el de sus primeras películas— para dar lugar a una comedia que deambula entre lo kitch y lo surrealista, para regocijo del espectador.

En efecto, JuanMa no puede negar que bebe de las fuentes del genio manchego en cuanto al diseño de los personajes y a la estructura narrativa, dándole eso sí, su marcado toque personal. Esos cambios de ritmo, esas situaciones surrealistas, ese costumbrismo de barrio madrileño, esas mujeres fuertes y de armas tomar, verdaderas heroínas de la historia, esos personajes masculinos, vanidosos, pusilánimes, misántropos…—en todo caso, disfuncionales, frente a la acusada personalidad de las mujeres que, sin duda, son las que llevan los pantalones—…Y por supuesto, “La Mamma”, esa figura tan latina, tan española, tan poderosa desde su aparente fragilidad física.

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Además, en Los 100 hijos del presidente, existe una visible evolución frente al anterior montaje de Montgomery, Lavar marcar y enterrar —#LME—. Mientras que esta es una comedia de situación, en la que la trama se antepone a los personajes y el ritmo es muy rápido, Los 100 hijos, es una obra, quizás no tan hilarante, pero mucho más profunda e intensa. Aquí lo que priman son los personajes, que están perfectamente definidos y desarrollados. Todos tienen un pasado más o menos turbio, un presente complicado y un futuro bastante incierto. Todos tienen unas motivaciones para actuar como lo hacen y son, precisamente, esas motivaciones las que llevan hacia el inevitable desenlace.

El trabajo escenográfico es otra de las señas de identidad de Montgomery, y aquí vuelven a lucirse. En primer lugar, por el lugar elegido para representar la obra, la nueva Sala Off del Teatro Lara, un nuevo espacio situado en el entresuelo del teatro, con un aire modernista, que mola un montón. Además, si en #LME experimentaron con el uso de una peluquería como espacio escénico o con la reconstrucción escenográfica de esa peluquería en el Teatro Príncipe Gran Vía, en Los 100 hijos del presidente, apuestan por el minimalismo más absoluto. Pese a que la trama discurre en varios lugares —un salón de masajes, un piso, la clínica de fertilidad, una morgue, un aeropuerto…— la escenografía es simplicísima: dos mesas con ruedas y un biombo con dos caras, son suficientes, junto con la iluminación y el vestuario, para crear todos los ambientes necesarios. Obviamente, eso acarrea unas enormes dificultades de dirección y montaje y una perfecta sincronización del elenco a la hora de montar y desmontar los escenarios, pero el resultado merece la pena.

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Sí, todo esto muy bien, pero ¿y los actores, que? Pues excelentes, aunque la apuesta era sobre seguro. Gran parte del elenco de #LME repite aquí y eso se nota, tanto en la química existente entre ellos, como en la sincronización con el director. Victoria Mora vuelve a dar una lección de interpretación en el papel de la autoritaria y maquiavélica Verónica; Alex Larumbe da el punto exacto de inconsciencia y vanidad que requiere Jorge, —el donante de semen “platinum”, algo así como el Neo de Matrix, pero en semen—; Aixa Villagrán está impresionante como Paula, la “esteticién” hortera y, aparentemente tontorrona, pero que poco a poco acaba haciéndose con las riendas de todo el cotarro y, por supuesto, Mario Alberto Díez, que vuelve a estar enorme: sobrio como Niko, el enfermero que odia a la humanidad y adora a su jefa y absolutamente desatado en el personaje estrella de la obra, la enigmática Lupita Venganza, donde no necesita mostrar su rostro para hacer carcajear al público con sus magníficas frases y su interpretación.

Supongo que pensáis que se me ha olvidado contar el porqué del título, quiénes son esos 100 hijos, y de qué presidente estamos hablando… Pues no, no se ha olvidado, pero ese es uno de los grandes secretos de la obra, que se desvela al final de misma. Así que si queréis averiguarlo y, de paso, disfrutar a lo grande de un magnífico montaje teatral, ya sabéis, todos los jueves os esperan en Teatro Lara a partir de las 20:15.

Y como despedida, nada mejor que una de las lapidarias reflexiones de Lupita Venganza, ese memorable personaje que está pidiendo a gritos un spin-off, una precuela o lo que sea:

Los cactus nunca hacen el mismo daño que las rosas porque uno ya sabe que los cactus son peligrosos, uno se lo espera: nadie se abraza a un cactus. Pero las rosas… ¡ufff!…¡las rosas! Las rosas son muy puñeteras.

¡No os la perdáis!