Decía el eterno Gardel que “veinte años no es nada”, así que cinco deben ser la cuarta parte de nada.

Pero no lo son, no señor, son mucho, en algunos casos, como el que hoy me ocupa, son casi una eternidad. Porque en el pasado mes de octubre de 2015, se han cumplido cinco años desde la apertura en la calle Loreto y Chicote 9 de Madrid de la sala Microteatro por Dinero, y ese concepto que surgió como una osada aventura de un grupo de profesionales del teatro, ya se ha convertido en un imprescindible en la escena madrileña.

No solo eso, sino que el concepto Microteatro, que engloba obras de menos de 15 minutos, representadas en sesión continua en espacios escénicos muy reducidos ante menos de 15 espectadores y con un espacio de restauración que se convierte en el eje de la sala, se ha extendido como la pólvora por el off teatral madrileño, bajo denominaciones como “Teatro de cercanía”, “Teatro en pequeño formato” y otros sucedáneos similares, que no han hecho otra cosa que copiar el concepto inicial, con variopintos resultados.

Pero no dejemos que estas denominaciones nos confundan… Microteatro, como tal, solo hay uno, y más que en una forma de distribuir las salas o en un formato de teatro breve, directo y cercano, su valor añadido está en el concepto global conseguido a base de paciencia, dedicación y amor por el teatro.

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En uno de mis artículos anteriores, os comentaba que las catacumbas culturales de Microteatro se habían convertido en un lugar donde los “cazatesoros” teatrales encontrábamos, cada vez más, pequeñas joyas. Y es que estos oscuros sótanos, se han convertido en un semillero de interesantísimos proyectos teatrales y en una cantera de talentos, no solo desde el punto de vista de la interpretación, sino, por supuesto en la creación y la dirección.

En estos cinco años, han pasado por Microteatro más de 750 actores, 400 autores y 300 directores; más de 10 micro-obras han crecido y se han convertido en obras de formato convencional; muchas se han convertido en cortometrajes e, incluso, alguna ha acabado convirtiéndose en un largometraje

Pero estos cinco años, no solo han servido para crear cantera entre la gente del teatro, sino, lo que más me ilusiona del concepto, han servido para crear cantera de espectadores. Gente que no solía acercarse al teatro por pereza o desconocimiento, ahora se junta con su pandilla y se van a Microteatro a ver una o dos obras mientras se toman una consumición, mientras los actores, a dos palmos (literalmente) de sus caras, les hacen partícipes de sus miserias y alegrías, de sus triunfos y derrotas, les hacen reir y llorar…en suma, les hacen sentirse vivos y disfrutar del teatro.

Sí, realmente, cinco años son mucho, sobre todo, cuando se trata de un proyecto cultural. Por ello, desde aquí vayan mis más sinceras felicitaciones a la gente de Microteatro, mi agradecimiento por lo que nos han dado (y lo que aún nos darán en el futuro) y mis deseos de que dentro de cinco años nos volvamos a ver por aquí celebrando un gozoso décimo aniversario

¡Larga vida al Rey Microteatro!