Dicen que justo antes de la muerte, la vida de una persona pasa ante sus ojos. Algo así es lo que le sucede a Raúl, el protagonista en la sombra de Desde el cielo te digo, que tras tomar la drástica decisión de quitarse la vida —con 64 pastillas y, un omeprazol, que lo cortés no quita lo valiente—, pasa revista a su vida amorosa y decide dedicar sus últimas energías a escribir una carta a sus tres ex pidiéndoles que acudan a su entierro.

Este es el origen de la trama sobre la que se asienta Desde el cielo te digo, la nueva comedia del director y dramaturgo malagueño Paco Anaya que, durante los viernes de este mes de septiembre se representa en el Teatro del Arte —un espacio escénico muy interesante situado en el madrileño barrio de Lavapiés, que no será la última vez que aparezca en esta web—.

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Partiendo de esa premisa, la acción de la obra transcurre en el velatorio de Raúl al que, atendiendo a la invitación, y movidos por distintas causas acuden sus tres ex: el taciturno Óscar, el promiscuo Marcos y el reprimido, contradictorio y excesivo Adri. Allí, con sorpresa, descubren que no hay ningún familiar ni amigo, que están ellos tres solos y que han de hacer lo que menos querrían: hablar entre ellos de Raúl.

Los velatorios son lugares donde se mezclan el dolor y la comedia a partes iguales en un entorno digno de estudio. Los asistentes pasan revista a la vida del difunto, con él presente —solo en cuerpo, eso sí—, con lo que no puede defenderse ni replicar. Marcos, Oscar y Adri se integran perfectamente en este entorno y recordarán a Raúl sin ningún tipo de compasión, como lo hicieron cuando estaba vivo y sin poner ningún freno a sus lenguas viperinas, mientras que Raúl, desde el cielo —se supone, aunque, con su currículum amoroso, eso es mucho suponer—, solo puede ver, oir y callar. Todo cambia con la arrolladora irrupción de Rita, una misteriosa mujer, que ejercerá de catalizador para llevar la acción a otro nivel.

Así presentada, Desde el cielo te digo es una ácida comedia gay —situaciones, chistes y personajes están centrados en este colectivo—, que reflexiona sobre la muerte, sobre las relaciones y sobre aspectos tan actuales como los reality show y las redes sociales —¿Cuándo alguien muere, sigue viviendo en Facebook?—.

Paco Anaya

Paco Anaya

Paco Anaya acierta plenamente en el estudio de todos estos estos aspectos y consigue una obra muy entretenida, con diálogos mordaces y enormemente ágiles, con situaciones que, a fuerza de ser extremas, nos resultan muy familiares —al algunos casos, dolorosamente familiares—.  Pero no solo acierta con el texto sino, principalmente, con la dirección: el montaje es agil y ameno y la dirección de actores, excelente.

Al éxito de la obra contribuye fundamentalmente el elenco que, en una trama por momentos tan alocada y surrealista, no pierde las formas y con su magnífico trabajo, aporta credibilidad a sus personajes y a la historia. Tanto Ignacio Mateos, en la piel del moderado Óscar, como Fede Rey y Jaime Reynolds, como los excesivos Marcos y Adri merecen un gran aplauso por su estupendo ejercicio interpretativo. Jorge Quesada, también está verosímil representando al finado Raúl, como voz en off omnipresente. Merece mención aparte el agradabilísimo descubrimiento de una Celia de Molina, absolutamente espectacular en los múltiples registros que ofrece a lo largo de la obra —afligida, divertida, provocativa, tierna, sensual…—.

Que alguien invite a su velatorio a sus ex es tan triste que acaba siendo cómico y cuando estos ex son como Óscar, Marcos y Adri, la risa está garantizada. ¡Id a ver Desde el cielo te digo y lo comprobaréis con satisfacción!