EMILIA. Sala: Teatros del Canal (Madrid). Autor: Claudio Tolcachir. Dirección: Claudio Tolcachir. Reparto: Malena Alterio, David Castillo, Daniel Grao, Alfonso Lara y Gloria Muñoz. Producción: Producciones Teatrales Contemporáneas. Duración: 90 minutos (aprox.).  Entradas: 15 – 25 €.

Del creador de La omisión de la familia Coleman llega ahora Emilia.

emiliaAsí, con un recurso publicitario habitual en las superproducciones de Hollywood se anuncia la última obra de Claudio Tolcachir. Y es que los Coleman y sus tribulaciones causaron un auténtico impacto allá por donde pisaban; en 2011 volvieron a Madrid con las dos siguientes obras del creador argentino, Tercer cuerpo y El viento en un violín, y fue todo un acontecimiento (¿volverán?). Emilia, su esperada cuarta obra, se estrenó hace casi un año en Timbre 4, el espacio de su compañía en Buenos Aires, y ahora se está representando en Madrid con un reparto español.

Emilia, la narradora de la historia, aparece en casa de Walter, el niño que crió durante muchos años, y que ahora ha formado su propia familia. Una familia que se nos va mostrando de una forma extrañamente cotidiana, atrayéndonos y repeliéndonos con escenas que juegan con nuestra angustia. Es una obra en la que no se entiende lo que ocurre pero se percibe con aterradora intensidad lo que está pasando, donde los personajes son pura psicología desencadenada; un auténtico logro escénico.

emilia teatro

Y un peso importantísimo de ese logro recae sobre el reparto, formado por caras conocidas, que brilla a un nivel excelente dando vida a unos personajes muy difíciles. Alfonso Lara está espectacular, vertebrando con furioso temple esta compleja obra; David Castillo, que ya sorprendió en Münchhausen, aquí vuelve a estar soberbio; Malena Alterio realiza una virtuosa labor de equilibrismo con un personaje que fácilmente podría volverse estridente o desaparecer literalmente de la escena; y qué decir de Gloria Muñoz, una actriz que en cuanto emite un sonido o brilla una mirada lo llena todo de teatro. Daniel Grao, con el personaje más realista y alejado del código del montaje, pasa más desapercibido, pero no desentona en absoluto.

La obra no es de las más sencillas que nos podemos encontrar en la cartelera. Quizá falta la “normalidad” con la que los actores porteños se mueven por estos mundos psicóticos, que crea un punto cómico, para hacerla más “digestiva”. Pero es teatro de muchos quilates, con unas interpretaciones sobresalientes, que mantiene la atención de la sala durante 90 minutos. Merece mucho la pena ir a verla, y más si sois habituales del teatro.