LA VENGANZA INGRATA DE GERTRUDIS LA RATA. Autor: Enrique Sebastián. Dirección: Enrique Sebastián. Reparto: Iñaki Díez y Ana Roche. Vestuario, iluminación, escenografía e ilustraciones:  Miguel Iturbe.  Diseño de expresión corporal: María Conde. Sonido: Sergio Plaza.

La rata no es un animal que despierte las simpatías precisamente. Como muy bien analizaba Quentin Tarantino en la magistral escena inicial de Malditos Bastardos, ninguno de estos animales (salvo en la época de la peste bubónica) ha hecho nada que justifique la aversión que sentimos por ellos e, incluso, son bastante parecidas a otro roedor, como la ardilla, considerado como entrañable, pero si alguno de ellos se presentase ante nuestra puerta, sin duda alguna, la recibiríamos con hostilidad.

En nuestra escala de valores animal, la rata está muy abajo, del mismo modo que en nuestra escala de valores sociales, los mendigos están muy abajo. Al igual que las ratas, están acostumbrados a vivir en un mundo tremendamente hostil, en el que más allá de consideraciones de progreso o bienestar, lo esencial es salir adelante cada día. Y también, al igual que ocurre con las ratas, pese a que son seres humanos, a menudo, no son tratados como tales.

Todas estas reflexiones vienen a cuento de La venganza ingrata de Gertrudis la rata, una obra de teatro que está siendo representada por la compañía El Gato Moreno en diversas localidades españolas.

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Foto: ©Victor Jiménez Vega (VJV).

¿De qué va La venganza ingrata de Gertrudis la rata?

La obra de teatro narra la historia de una pareja de ratas que viven en una alcantarilla y las relaciones que establecen con una pareja de mendigos que malvive justo encima en la calle. Como si de una fábula se tratara, las ratas se humanizan y nos permiten compartir no solo sus penurias y miserias, sino también sus sueños, anhelos y esperanzas. En contrapunto con esta historia, los mendigos que viven sobre la alcantarilla, nos hacen partícipes también de sus desventuras y alegrías.

Los cuatro son seres abandonados y olvidados, que tienen que soportar el desprecio de la sociedad de consumo y que se alimentan de sus desechos. Son, paradójicamente, casi, dos escalones contiguos dentro del sistema social (cola de león y cabeza de ratón, respectivamente, valga el símil 🙂 que las margina y, a su manera, trata de eliminarlas.

Son, en esencia, cuatro náufragos agarrados a la misma tabla de salvación y, por tanto, aparentemente condenados a entenderse en el entorno hostil en que han de sobrevivir y así lo entienden los dos machos, los soñadores. Pero las situaciones extremas sacan lo mejor y lo peor de los seres humanos…y también de los animales. En este caso, el realismo, la inmovilidad en los planteamientos, viene representada por las hembras, que se aferran con anhelo a sus prejuicios, lo que desencadena el trágico final.

Así configurada, parecería que estuviéramos hablando de una tragedia. Y no vamos muy desencaminados, pues desde el título ya se adelanta este final, pero el camino hasta llegar incluye una interesante trama en la que los roles entre humanos y ratas a menudo se invierten, como forma de manifestar la crítica social que busca el autor y mostrar gráficamente la irracionalidad e injusticia de la sociedad actual, en muchos aspectos.

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Foto: ©Victor Jiménez Vega (VJV).

No se crean, que todo es tristeza, no. Hay humor, hay amor, hay ilusiones y esperanzas, hay penas y alegrías. En un tono que va del realismo mágico al surrealismo, la compañía El Gato Moreno, nos hace espectadores y partícipes de esta tragicomedia de los dos mendigos y las dos ratas.

Una obra muy interesante, tanto por la trama, como, fundamentalmente por las interpretaciones de los dos protagonistas Iñaki Díez y Ana Roche. La obra obliga a ambos a estar casi todo el tiempo en el escenario, simultaneando papeles humanos y ratunos, lo que implica un notable y muy meritorio esfuerzo interpretativo, que ellos asumen sin pestañear con un trabajo impecable. Pero sobre todo, su intensidad, su veracidad y su ternura, son las armas con las que seducen a la audiencia y la hacen ver a ratas y mendigos como lo que realmente son: personas y animales iguales a los demás, pero con muy mala imagen social.

Finalmente, es muy reseñable la propuesta escénica, en la que, con un montaje totalmente minimalista y a base de imaginación y de un uso muy inteligente de la iluminación, han sabido recrear los dos mundos, ratuno y humano, de modo que puedan compartir el mismo escenario.