Hoy os voy a hablar de Marta Tchai y de su disco Movimientos circulares. Descubrí a Marta no hace mucho gracias a su segundo disco, el fantástico En Azul, una de esas joyas que surgen de vez en cuando en nuestro panorama musical y me maravillaron tanto la potencia y profundidad de sus letras, como la variedad de sus melodías y el mimo por aspectos que a otros les dan tan de lado, como la instrumentación, los arreglos y la producción.

Investigando quien estaba detrás de aquella serie de temazos, descubrí a esta polifacética artista que iba para bailarina clásica, formando parte del Ballet de Turin (lo de Tchai, va por Tchaikovsky), pero a la que una lesión le hizo replantearse su futuro y encaminar su gran talento artístico por otros cauces, cambiando las zapatillas de ballet y el tutú, por el teatro, la poesía y la música.

Quizás perdimos una estrella de la danza, pero, a cambio, ganamos una cantautora de raza, de esas que, como decía Victor Manuel en su Soy un corazón tendido al Sol escriben “dejando el rastro de su alma y cada verso es un jirón de piel”.

marta tchai

Foto: Julia Lomo

En una época en que las cantautoras guapas y talentosas, como Anni B. Sweet, Russian Red, Electric Nana…campan por sus anchas (afortunadamente para nosotros), el sello diferencial entre todas ellas son los matices y en el caso de Marta Tchai, estos matices son muchos. Porque musicalmente Marta es como esas mochilas en las que vas metiendo cosas que vas encontrando por ahí y que te gustan y luego, cuando llegas a casa vacías para, con ellas, fabricar otras cosas nuevas. Sus alforjas musicales están cargadas de melodías de Leonard Cohen, Tom Waits, Bob Dylan o Patti Smith y cada vez que las vacía y las ensambla con sus poemas, surgen cosas mágicas.

Este 2013 nos ha traído el tercer disco de Marta Tchai, Movimientos Circulares, un disco marcado por el número 3. No en vano, además de ser su tercer álbum, fue grabado en tres días, por tres personas (la propia Marta y los excelentes músicos Tarci Ávila y Carlos Mirat). De hecho, en un principio iba a llamarse Tres, pero (con buen criterio a mi entender) decidieron cambiarle el título por este tan evocador que tiene ahora.

marta tchai movimientos circulares

Movimientos circulares. Diseño de Rodrigo Sánchez

 El disco cumple con otra de las señas de identidad de Marta, que es rodearse de un magnífico elenco de profesionales. Aparte de los mencionados Ávila y Mirat, Movimientos Circulares cuenta con la producción de uno de los gurús del indie nacional, el asturiano Paco Loco, que en su estudio del Puerto de Santa María (Cádiz), moldeó sabiamente el material que tenía entre manos. Además, la espectacular portada y el diseño del disco corren a cargo de Rodrigo Sánchez.

La primera impresión que te queda tras escuchar este álbum es que nos encontramos ante el escenario de un siniestro total emocional, de la crónica de un lo-que-pudo-ser-y-terminó-como-el-Rosario-de-la-Aurora. Las relaciones sentimentales siempre son complicadas y aquí asistimos a un recorrido todas las fases del desamor que, afortunadamente, termina con un renacimiento espectacular gracias al maravilloso Shala Lara Lala, cuyo video (realizado por Soledad Rebollo Piñeiro) encabeza este artículo. Es una de esas canciones que lo tiene todo para convertirse en un himno: mensaje, ritmo y un estribillo alegre y pegadizo que invita a saltar y cantar a voz en grito.

El ambiente, como no podía ser de otro modo es mucho más sombrío y triste que en su disco anterior, lo normal, dadas las circunstancias. Los arreglos festivos, toques Tex-Mex, glam y toques pop e indies de En Azul, pasan a un segundo plano y aquí aparecen, más que nunca, las influencias de Waits y sus sombríos toques de piano (Traidor), la melancolía pausada de Dylan (Cumple de Bobby), las potentes guitarras, como telón de fondo de reproches (Porqués), las etéreas melodías, (Movimientos Circulares) y los momentos más dolorosos e intimistas con Costilla o Pulmón.

Marta tchai

Foto: Nacho Blasco.

Este ambiente e influencias, hacen de Movimientos circulares un disco serio, profundo, maduro, de esos a los que hay que tratar de usted. A unos gustará más y a otros menos, pero todos debemos respetar la enorme calidad, la verdad y el coraje que hay en cada recodo de la obra y quitarnos el sombrero ante Marta Tchai. Porque hay que tener mucho coraje y valor para, con la que está cayendo, decidirse a afrontar esta aventura en solitario, sin discográfica, mánager, ni nada más que su confianza en el trabajo bien hecho y unas ganas enormes de compartirlo.

La esencia de un cantautor es  tocar en directo y compartir su obra con otros, por eso, Marta Tchai está presentando el disco en pequeñas salas por toda España, en dos formatos distintos. Bien con su banda habitual, lo que permite disfrutar de todo el sabor del disco, bien en un formato acústico más intimista, acompañada solo por su guitarra y, ocasionalmente, de algún acompañante como la irlandesa Fionnuala Ni Eigeartaigh al violín, lo que permite al espectador apreciar toda la poesía y la sensibilidad que se oculta tras los arreglos rockeros.