Cada vez que se apagan las luces del cine, se abre ante nosotros una ventana en la que todo puede pasar. Pero esto mismo sucede hoy en día en nuestras casas gracias a los portátiles, en la calle por nuestros smartphones, en los hoteles con las cámaras de seguridad…

Situaciones y hechos que no nos planteamos, pero que de hacerlo podría dejar en bragas al concepto del Big Brother. Precisamente es de esto de lo que se aprovecha Nacho Vigalondo en su nuevo film Open Windows, pero también de tópicos bien conocidos del cine, aunque dando su propio toque e intenciones.

En los primeros minutos de película el argumento gira sobre sí mismo, una total declaración de intenciones de lo que será el resto del metraje de un filme que no permanece quieto ni un momento, centrado totalmente en sorprender al espectador y en hacer que esté inquieto en su butaca.

open windows vigalondo nacho wood

El peso principal de toda la acción recae sobre Elijah Wood, al que su habitual sobreactuación le brinda aquí justo la fuerza para sostener él solo toda la trama, en la que es centro total del universo que para él crea Vigalondo. Además, claro, de la conocida Sasha Grey y los secundarios que aportan un poco de profundidad al mundo, incluyendo un cameo del propio director o de los conocidos cómicos Raúl Cimas y Carlos Areces.

Pero si algo llama la atención, al menos al que esto suscribe, fue el inteligente uso del montaje y la narrativa usada totalmente para un fin. No importa tanto el qué se cuenta y mucho más el cómo se cuenta, en cierta forma parecido a lo que ya sucedía con Gravity. La historia, aunque con una importante carga de reflexión, queda en un segundo lugar mientras disfrutamos de los planos, encuadres y un ritmo trepidante que nos dejará exhaustos.

Si bien es cierto que esto mismo, el constante cambio y giros argumentales, peca de excesivo al llegar el final de la película. Quizá por las innecesarias explicaciones, por otro lado entendibles al ser un producto destinado para un público que (es así) no es el de nuestro país.

Id, disfrutad, y después, temed a las ventanas.