Volvemos con nuestras listas temáticas de canciones favoritas y hoy elegimos un tema que aúna dos de nuestras pasiones, música y libros, con las canciones inspiradas en libros.
Hay libros que, además de dejarnos imágenes en la cabeza, terminan teniendo una banda sonora inesperada. A veces basta un personaje; otras, una atmósfera, un conflicto o una escena que un músico no consigue quitarse de encima. El resultado puede ser una canción de cuatro minutos o una pequeña epopeya que ocupa buena parte de un disco.
Si en nuestras canciones dedicadas a pintores recorríamos las conexiones entre música y pintura, ahora toca cambiar los cuadros por las páginas. Estas canciones inspiradas en libros permiten acercarse a historias conocidas desde otro lugar y descubrir algunas que quizá todavía no hemos leído.
Wuthering Heights, de Kate Bush: Cumbres borrascosas toma la palabra
Pocas canciones han conseguido apropiarse de un universo literario con tanta personalidad. En Wuthering Heights, Kate Bush da voz a Cathy y convierte su vínculo con Heathcliff en una presencia que parece llegar desde el otro lado de la ventana.
La novela de Emily Brontë encuentra aquí una traducción musical tan extraña como reconocible: una voz aguda, cambios de intensidad y una interpretación que tiene algo de súplica y algo de aparición.
Hay, además, un detalle que altera la historia que solemos imaginar. Bush escribió la canción antes de leer la novela. Después acudió al libro para comprobar si había captado su espíritu y, según explicó ella misma, sintió que no necesitaba corregirlo. La canción apareció en su debut, The Kick Inside, publicado en 1978.
Escucharla después de leer Cumbres borrascosas permite reconocer hasta qué punto una canción puede concentrar la obsesión de sus personajes sin resumir su argumento.
Lobo-hombre en París, de La Unión: Boris Vian sale de noche
Uno de los grandes clásicos del pop español nació de un cuento de Boris Vian. El lobo-hombre juega a invertir una transformación que conocemos bien: aquí es un lobo quien acaba convertido en hombre.
Esa idea encajó con una melodía que ya sugería un aullido. Luis Bolín ha contado cómo un ejemplar del relato llegó al grupo a través de un amigo y terminó proporcionando la historia para la canción. Publicada en 1984, Lobo-hombre en París convirtió aquella rareza literaria en un estribillo que conocerían incluso quienes nunca habían oído hablar de Vian.
París, la noche y la transformación hacen el resto. Bajo su apariencia de aventura fantástica, la canción conserva ese gusto por lo insólito que vuelve tan particular la literatura del autor francés.
Moon Over Bourbon Street, de Sting: un vampiro con mala conciencia
Antes de que los vampiros se convirtieran en habituales del romance juvenil, Anne Rice había explorado su soledad, sus contradicciones y el peso de una existencia interminable en Entrevista con el vampiro.
De esa novela surgió Moon Over Bourbon Street, incluida en The Dream of the Blue Turtles, el primer álbum en solitario de Sting, de 1985. El músico reconoció expresamente la inspiración del libro. La canción sitúa a su narrador en una Nueva Orleans nocturna, con un acompañamiento de aire jazzístico que parece avanzar despacio entre las sombras.
Lo que interesa aquí es el conflicto del personaje: alguien que comprende el daño que causa y, aun así, necesita seguir causándolo para sobrevivir. La elegancia de la música hace todavía más inquietante esa confesión.
1984, de David Bowie: Orwell en la pista de baile
La relación de David Bowie con 1984, de George Orwell, fue mucho más allá de tomar prestado su título. A comienzos de los setenta trabajó en un proyecto escénico basado en la novela que finalmente no llegó a realizarse. Parte de aquellas ideas encontró después otro destino en Diamond Dogs, publicado en 1974.
Entre ellas estaba 1984, una canción cuya energía rítmica y arreglos de cuerda conviven con la amenaza que anuncia su título. También Big Brother y We Are the Dead muestran la huella de Orwell en el disco.
Conviene escuchar esas conexiones sin considerar todo el álbum una adaptación de la novela: Bowie mezcla referencias y construye su propio paisaje decadente. El libro aporta una parte esencial de su imaginación política y de esa sensación de futuro que ya empieza a resultar asfixiante.
The Trooper, de Iron Maiden: una carga de caballería convertida en metal
El arranque de The Trooper parece poner en marcha una caballería. Las guitarras y el bajo imprimen ese galope que convierte la canción en una de las más reconocibles de Iron Maiden. Pero detrás de su fuerza hay una historia de soldados enviados hacia una muerte casi segura.
Steve Harris se inspiró en La carga de la Brigada Ligera, el poema de Alfred Tennyson sobre una desastrosa acción militar durante la batalla de Balaclava, en la guerra de Crimea. Publicada en 1983, la canción lleva esa carga al terreno del heavy metal y la cuenta desde la perspectiva de uno de sus combatientes.
La épica está en la música; el miedo y la tragedia, en lo que sucede. Esa combinación hace que funcione como un himno en directo y, al mismo tiempo, como una puerta de entrada a un poema del siglo XIX.
The Raven, de The Alan Parsons Project: el cuervo de Poe encuentra su voz
Una habitación, un hombre que llora a su amada y un cuervo cuya presencia convierte la noche en una pesadilla. El cuervo, de Edgar Allan Poe, tenía todos los ingredientes para encontrar una segunda vida en la música.
The Alan Parsons Project lo incorporó a Tales of Mystery and Imagination, su debut de 1976, un álbum concebido alrededor de los poemas y relatos del escritor. The Raven forma parte de ese recorrido por un universo de obsesión, pérdida y amenaza, junto a piezas inspiradas en El corazón delator o La caída de la casa Usher.
La canción combina una voz de textura mecánica con una interpretación cada vez más intensa. Ese contraste da al visitante una presencia extraña y convierte la angustia del poema en una experiencia sonora. Es uno de esos casos en los que merece la pena seguir escuchando el disco completo: la conexión literaria atraviesa todo el proyecto.
The Ghost of Tom Joad, de Bruce Springsteen: los personajes siguen entre nosotros
Tom Joad, uno de los protagonistas de Las uvas de la ira, de John Steinbeck, pertenece a una familia que abandona Oklahoma buscando una oportunidad en California. Su historia es también la de quienes descubren que trabajar y esforzarse no garantiza encontrar un lugar donde vivir con dignidad.
Bruce Springsteen recuperó su nombre para la canción que da título a su disco de 1995. En una entrevista explicó la importancia de la obra y de la adaptación cinematográfica de John Ford, que había visto años antes.
La canción traslada esa memoria a otros paisajes de pobreza y exclusión. El fantasma del título permite reconocer en el presente las injusticias que contaba Steinbeck. Su música contenida deja que sean las imágenes y las personas quienes ocupen el primer plano.
Estas canciones ofrecen una forma distinta de volver a los libros. Después de escucharlas, Cathy puede tener la voz de Kate Bush y el viejo marinero avanzar al ritmo de Iron Maiden. Y también funciona al revés: a veces una canción que llevamos años tarareando termina llevándonos hasta una primera página.
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