El libro sigue en la mesilla, con el marcapáginas donde lo dejaste hace semanas (o meses… o incluso más). Te apetece volver, pero cuando llega el momento estás cansado, coges el móvil o no recuerdas qué estaba pasando en la historia. Preguntarse cómo recuperar las ganas de leer suele empezar ahí: echamos de menos algo que disfrutábamos y no sabemos cómo devolverle un sitio en nuestra vida.
A veces dejamos de leer durante una etapa de trabajo intenso, cuidados o preocupaciones. Otras, una sucesión de libros que no nos interesan acaba alejándonos de la lectura. El regreso puede empezar con una elección modesta: encontrar algo que apetezca abrir y un momento en el que hacerlo resulte viable.
Antes de volver, identifica qué te ha alejado de los libros
«No tengo tiempo» puede describir situaciones distintas. Quizá no dispones de un rato tranquilo, llegas al final del día sin energía o has reservado la lectura para un momento que casi nunca aparece.
La falta de tiempo es la principal barrera declarada por quienes no leen o leen de manera ocasional en España: la menciona el 42 %, según el Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros de 2025. El informe también recoge la preferencia por otras actividades de ocio y la falta de interés. No todos los parones lectores tienen la misma causa.
Por eso conviene hacerse una pregunta concreta: ¿qué sucede cuando intento leer?
Si te duermes, quizá necesites otro horario. Si miras continuamente cuántas páginas faltan, puede que el libro no encaje contigo. Si interrumpes cada párrafo para consultar mensajes, merece la pena revisar el entorno. Cada respuesta sugiere un cambio diferente.
Elige por curiosidad, no por prestigio
Volver a leer con un libro que crees que «deberías» conocer puede añadir una dificultad innecesaria. Ese clásico pendiente o el ensayo del que todo el mundo habla seguirán disponibles cuando te apetezcan.
Para empezar, busca una pregunta, una voz o una historia que despierte interés. Puede ser una novela de misterio, unas memorias, un cómic, poesía o divulgación sobre un asunto que te intriga.
Antes de elegir, lee unas páginas. La contraportada explica de qué trata un libro; el comienzo permite comprobar cómo está contado. Pregúntate si quieres seguir, aunque todavía no sepas por qué.
Las recomendaciones de alguien que conoce tus gustos también pueden ayudar. «¿Qué has leído que te haya dado ganas de continuar?» suele abrir una conversación más útil que pedir el libro imprescindible del año.
Empieza con una lectura que puedas retomar fácilmente
Un libro corto puede facilitar el regreso, pero la extensión no lo explica todo. Hay novelas largas que invitan a continuar y textos breves que exigen mucha atención.
Si dispones de ratos pequeños, prueba con relatos, capítulos cortos o piezas independientes. Poder completar una unidad de lectura en una sesión ayuda a mantener el hilo sin tener que reconstruirlo cada vez.
También puedes releer algo que recuerdes con cariño. Conocer la historia permite volver por otros motivos: una voz, un personaje, una escena. La relectura tiene su propio placer y puede ser una buena puerta de entrada.
Si quieres aprovechar los desplazamientos, en Unagi contamos cómo elegir libros para leer en el transporte público, teniendo en cuenta las interrupciones y la comodidad del formato.
Busca un momento real, aunque sea breve
Una de las dificultades al pensar cómo recuperar el hábito de lectura es imaginar una rutina demasiado ambiciosa: una hora diaria, silencio absoluto y ningún asunto pendiente.
Prueba con un espacio que ya exista. Diez minutos después de desayunar, un rato al llegar a casa o parte de un trayecto en tren. Son opciones para experimentar, sin convertirlas en una obligación diaria.
Si acostarte con un libro termina siempre en sueño, cambia de momento. Leer por la noche no es una condición para ser lector. Tampoco hace falta ocupar cada espera: habrá días en los que prefieras descansar sin hacer nada.
Lo importante es encontrar una ocasión que puedas repetir con cierta facilidad. Una rutina pequeña suele ser más compatible con la vida cotidiana que un plan que depende de que todo salga bien.
Elige el formato más adecuado a tus necesidades
Quizás has dejado la lectura porque te costaba llevar los libros en tu bolso mientras ibas al trabajo por el peso, o bien, no tienes un momento en el que encuentres una postura cómoda para leer, pero sin embargo sí lo encuentras para escuchar mientras caminas o haces otras cosas.
Por eso, elegir el formato que más se adapte a tus necesidades y situación, es esencial, ya sea libro en papel, ebook o audiolibro.
Pon el libro cerca y reduce las interrupciones
La intención ayuda poco si el libro está guardado y el teléfono permanece en la mano. Puedes facilitar el comienzo dejando la lectura donde sueles sentarte o llevando una edición manejable en el bolso.
Durante ese rato, prueba a silenciar las notificaciones o dejar el móvil fuera de alcance. Observa si así resulta más fácil permanecer en la historia.
Si la sensación de disponibilidad continua invade también tu tiempo libre, revisar cómo combatir el estrés digital puede ayudarte a establecer límites para ese momento.
El entorno también cuenta: una luz cómoda, una postura agradable y un tamaño de letra adecuado. A veces, lo que parece falta de ganas incluye una experiencia de lectura poco confortable.
Date permiso para dejar un libro
Una lectura pendiente puede convertirse en un atasco. No avanzas, pero tampoco empiezas otra porque sientes que primero debes terminarla.
Dejarla temporalmente libera esa decisión. Puedes volver más adelante o reconocer que no te interesa. No hace falta establecer un número obligatorio de páginas antes de abandonar: basta con valorar si deseas seguir o si lo haces únicamente para tachar una tarea.
Eso no significa que cualquier dificultad sea motivo para cerrar un libro. Algunas lecturas necesitan tiempo. La cuestión es elegir cuándo quieres asumir ese esfuerzo, especialmente mientras intentas recuperar las ganas.
Comparte la lectura si te ayuda a volver
Hablar de libros puede despertar curiosidad. Una recomendación de un amigo, una visita a la biblioteca o una conversación en una librería ofrecen caminos que quizá no habrías encontrado por tu cuenta.
Un club de lectura también puede aportar continuidad: una fecha, una obra compartida y personas con quienes comentar impresiones. Conviene elegir uno cuyo ritmo y selección encajen contigo.
Puedes empezar de forma más sencilla: leer el mismo libro que alguien cercano e intercambiar comentarios cuando os apetezca. La conversación permite descubrir qué vio la otra persona en una escena que tú apenas habías señalado.
Mide el regreso por las ganas de continuar
Los retos anuales y los registros de lecturas motivan a algunas personas. Para otras, añaden presión y convierten cada libro en una unidad que hay que completar.
Mientras buscas cómo recuperar el hábito de lectura, prueba a observar otras señales: recuerdas una frase, piensas en un personaje o quieres encontrar un rato para saber qué ocurre después.
Leer pocos libros y disfrutarlos puede encajar mejor contigo que perseguir una cifra. También puedes alternar temporadas de mucha lectura con otras más tranquilas. Un hábito no necesita mantener siempre la misma intensidad.
Volver al libro que te espera
Recuperar las ganas de leer puede requerir varios intentos: cambiar de obra, de horario o de formato. Ese proceso ayuda a descubrir qué te interesa ahora, que quizá sea distinto de lo que buscabas años atrás.
Empieza por una lectura que despierte curiosidad y un rato que puedas reservar. Después, observa qué ocurre. El regreso se reconoce en un gesto sencillo: cerrar el libro y pensar que mañana te gustaría abrirlo otra vez.
