En esta ocasión, mi lista temática de canciones favoritas, no solo os traerá grandes recuerdos y agradará a vuestros oídos sino que, además, seguro que os hace esbozar una sonrisilla. Porque vamos a hablar de canciones en las que el silbido es el protagonista. Si no hace mucho os hablaba de las canciones a capela, en las que el único instrumento que se utilizaba era la voz, hoy también voy a traeros maravillosas canciones en las que el viento, a través del silbido se convierte en un instrumento más y una parte fundamental de la melodía.

La lista se caracteriza, en general, por tener canciones muy conocidas, muchas de las cuales forman parte de la Banda Sonora Original de películas de gran éxito. Además tienen otra característica que avisamos con antelación, son altamente pegadizas y hay un grave riesgo de que tras leer este artículo se os pegue alguna de las melodías y estéis todo el día silbándola.

Malcolm Arnold – El puente sobre el rio Kwai

Empezamos con los silbidos más famosos de la historia del cine. En 1957 David Lean dirigió esta memorable película bélica, ganadora de siete premios Óscar, protagonizada, entre otros, por los inolvidables Alec Guinness y William Holden. La cinta narraba la historia de la construcción de la línea de ferrocarril de Birmania en plena II Guerra Mundial.  ¿Qué amante del cine no recuerda la escena de los prisioneros británicos silbando a pleno pulmón esta melodía en el campo de concentración mientras desfilaban ante la orgullosa mirada del coronel Nicholson?

En el título he atribuido la autoría a Malcolm Arnold, responsable de la Banda Sonora de la película, pero esta canción encierra una historia muy curiosa, pues lo cierto es que ni la canción se llama así, ni Malcolm Arnold fue su compositor. La melodía, en realidad, es una adaptación de la Marcha del Coronel Bogey (Colonel Bogey March), una marcha militar británica escrita en 1914 por el teniente F. J. Ricketts. En realidad, la marcha tenía letra y estaba destinada a ser cantada, pero la viuda del compositor solo accedió a vender los derechos si se eliminaba la letra (que parece ser, no era de su gusto) y la melodía se silbaba (adaptación que, esta vez sí, fue obra de Arnold).

En todo caso, una maravillosa película y una memorable canción

Ottis Redding & Steve Cropper – (Sittin’ on) The dock of the way

Otro silbido musical que también hemos escuchado cientos de veces y que ha servido de banda sonora para múltiples spots publicitarios. Su ritmo cadencioso, su melodía, el silbido, el sonido de las olas y las gaviotas, son totalmente evocadores: cierras los ojos y realmente te sientes transportado a una noche calurosa sentado en un muelle viendo pasar las luces de los barcos mientras la suave brisa marina te trae agradables aromas y sonidos.

Y la realidad no está muy lejos de esos sentimientos, pues Otis Redding comenzó a componerla mientras estaba sentado en una casa flotante en Sausalito, en la bahía de San Francisco. Por entonces, el título era solo The dock of the way, pero posteriormente la intervención del gran Steve Cropper, una de las leyendas de la guitarra en lo que a rhythm & blues se refiere, refinó la melodía original y le dio un aire particular (además de incluir el paréntesis con el Sittin’ on del título).

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Esta canción también encierra una historia curiosa y, en este caso, terrible. Tres días después de grabarla, en diciembre de 1967, Otis Redding moría en un accidente de aviación. La canción se lanzó al mercado en enero de 1968 y fue el primer álbum póstumo en alcanzar el número 1 en las listas del Billboard Music

Bernard Herrmann – Twisted nerve

El tercer silbido musical nos viene a la memoria desde otra película: Kill Bill. ¿Quién no se acuerda de Elle Driver (Darryl Hannah), vestida de enfermera y con un parche en el ojo, silbando esta melodía por los pasillos del hospital, mientras va a ocuparse de Black Mamba?

Pero no, en este caso, tampoco la canción pertenece originalmente a esta película, sino que el bueno de Quentin Tarantino, un genio no solo a la hora de rescatar del olvido actores y escenas, sino también melodías antiguas para construir sus espléndidas bandas sonoras, la tomó prestada de una película mucho anterior. En efecto, como su nombre indica, la canción pertenece a la Banda Sonora Original de Twisted nerve, una inquietante película británica de 1968.

El responsable de la canción original fue el gran Bernard Herrmann, el compositor favorito de Orson Welles (Ciudadano Kane y La Guerra de los Mundos) y Alfred Hitchcock (Vértigo, El hombre que sabía demasiado y Psicosis).

Monty Python – Always look on the bright side of life

Si tuviéramos que resumir esta canción con un refrán, sin duda sería “a mal tiempo, buena cara”. Un himno a la búsqueda del lado positivo de la vida a través de los silbidos, escrita por Eric Idle, uno de los miembros del genial grupo humorístico inglés Monty Python. La canción ponía fin a ese monumento cinematográfico que es La vida de Brian y da un toque maravillosamente absurdo y genial a la crucifixión final.

La melodía surgió un poco por casualidad, precisamente, mientras se preparaba el rodaje de la última escena de la película. Idle tarareaba una melodía que encantó a todos y que se convirtió en la canción más popular del grupo. Con los arreglos finales, Monty Python quisieron que esta canción fuera una parodia de las empalagosas melodías de las películas Disney. Mucho se podría hablar de esta canción, pero basta para resumir su espíritu la siguiente anécdota: en el funeral de Graham Chapman, uno de los miembros de Monty Python, el resto del grupo tarareó esta melodía.

Scorpions – Wind of change

Y cerramos este artículo, dedicado a los silbidos, con unos de los más famosos de la historia del rock. En 1990 el grupo alemán de hard rock Scorpions publicó este temazo, cuya letra hablaba sobre los vientos de cambio que se avecinaban en Europa tras la Perestroika, que auguraban la paz y el final de la Guerra Fría.

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Esperemos que aquí y ahora también lleguen los vientos del cambio…