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La estupidez

LA ESTUPIDEZ. Sala: Naves del Español – Sala Max Aub. Autor: Rafael Spregelburd. Dirección: Fernando Soto. Reparto: Fran Perea, Toni Acosta, Ainhoa Santamaría, Javi Coll, Javier Márquez. Producción: Feelgood Teatro. Fechas: 16 de enero al 21 de febrero de 2016.  Horario: martes a sábado a las 20.30h y domingos a las 19.30h. Entradas: 22 €. Martes, miércoles y jueves 25% de dto (16,50 €)

Decía Albert Einstein que «Dos cosas son infinitas: la estupidez humana y el universo; y no estoy seguro de lo que el universo lo sea», y ¡qué razón tenía! La estupidez, cuando se manifiesta, no solo lo hace rotundamente, sino que se contagia con facilidad. Además, puede surgir de la nada en cualquier momento por múltiples motivos. Uno de ellos, sin duda, es la avaricia: el afan desmedido por adquirir y poseer riquezas hace surgir y propagarse la estupidez con notable facilidad.

Esa fue la razón para que el actor, director y dramaturgo argentino Rafael Spregelburd eligiera ese título (La Estupidez), para la cuarta obra de su Heptalogía de Hieronymus Bosch, una interpretación teatral en siete capítulos, de la magnífica pintura La mesa de los pecados capitales, del holandés Hieronymus Bosch (El Bosco), que se expone en el Museo del Prado.

Aunque todavía no se había montado en España, la obra no era ninguna desconocida en el mundillo teatral, sino más bien todo lo contrario; no en vano obtuvo en 2003, el Premio Tirso de Molina al mejor texto iberoamericano, así como numerosos premios y reconocimientos por todo el mundo, habiendo sido representada en teatros míticos como el Schaubühne de Berlín, el Theaterhaus de Stuttgart y el Teatro Helénico de México, entre otros.

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©Iulian Zambrean

¿Por qué entonces, nadie la había representado hasta ahora en España? Sin duda alguna por su enorme complejidad.

Se trata de un texto largo (3 horas de duración) y prolijo, lleno de referencias técnicas a materias tan dispares como el arte, la teoría del caos, los ordenadores cuánticos, el cine, el juego; además, está lleno de tramas y subtramas que, a modo de historias entrelazadas, convergen y divergen a lo largo de toda la representación. Y, por si ello fuera poco, hay 24 personajes, con una peculiaridad añadida: el texto exige que deben ser representados por solo cinco actores, asignando además qué papeles debe interpretar cada uno de ellos.

Se trata, por tanto, de un reto colosal que nadie hasta ahora había acometido en nuestro país. Pero afortunadamente hay muchos valientes en este mundo y a los integrantes de la compañía Feelgood Teatro no solo les apasiona el teatro, sino que también son amantes del riesgo.

Porque si para afrontar este proyecto hay que ser valiente, aún hay que ser más valiente para hacerlo en una situación como la suya. Su primer proyecto, Feelgood funcionó a las mil maravillas, tanto a nivel crítica como público, en 2014-2015 y lo sencillo hubiera sido continuar con un proyecto similar (comprometido, divertido, actual y no excesivamente complejo), que les hubiera permitido facilmente mantenerse en candelero. Eso hubiera sido lo más sencillo, pero los valientes no buscan lo sencillo, buscan lo glorioso y por ello, decidieron arriesgarse con La estupidez.

Manteniendo el núcleo del equipo interpretativo de Feelgood (Fran Perea, Javier Márquez, Javi Coll y Ainhoa Santamaría), con el solo cambio de Toni Acosta por  Manuela Velasco (que en esta obra pasa a la producción) y con la incorporación de Fernando Soto para la dirección, se dispusieron a efectuar este triple mortal con doble tirabuzón. Cuando se intenta una pirueta tan arriesgada no hay medias tintas, o sale perfecta o es un desastre lamentable y en este caso, afortunadamente para todos, el montaje es absolutamente irreprochable e impecable.

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©Iulian Zambrean

¿De qué trata La estupidez?

Pero vamos ya con la obra en sí misma. La Estupidez está configurada como una road movie teatral, cuya acción tiene lugar en diversos moteles en las afueras de Las Vegas. Aunque el motel cambie de una escena a otra, la habitación que se ve es siempre la misma: una cama doble, dos puertas de acceso y una gran ventana que permite cambios de escenografía en el espacio exterior y la interpretación de escenas simultáneas dento y fuera del espacio de la habitación.

Los personajes, como ya he indicado son 24, unidos por un elemento común: la avaricia, en ansia de hacerse ricos a cualquier precio, precisamente en Las Vegas, la ciudad que simboliza, como pocas, el poder del dinero. Los personajes son de muy diversa condición: unos policías de carreteras, un grupo de apostadores profesionales, unos estafadores que trabajan con obras de arte, insignes matemáticos, actores en horas bajas, mafiosos con ínfulas…

la estupidez Rafael Spregelburd feelgood teatro fran perea toni acosta javi coll Rafael SpregelburdTodos, en mayor o menor medida, están afectados por la codicia (en algunos casos por millones de dólares y en otros por solo 151) y, en todos ellos, vemos cómo esa avaricia desata una estupidez que hace obrar de forma irracional incluso a las personas más inteligentes. Además, hay otro elemento subyacente en todas las historias, como es el caos. No solo como uno de los componentes del juego o de la teoría del matemático Robert Finnegan, sino porque a medida que disminuyen los comportamientos lógicos, el caos toma las riendas y el desenlace de todas las historias es absolutamente incierto.

La estupidez es una obra compleja, intrincada y aparéntemente caótica, pero, sobre todo, es una obra divertidísima, por obra y gracia de un texto espectacular, un director excelente y un elenco de magníficos actores, en estado de gracia.

El texto, dentro de su barroquismo y complejidad, es muy, pero que muy divertido, lleno de situaciones francamente hilarantes, en las que se va desde la comedia ligera al vodevil pasando por el humor absurdo, con tintes muy ácidos. Pero no todo son risas, también hay drama y mucha crítica, tanto manifiesta como encubierta, al papel del dinero en la sociedad actual.

El director Fernando Soto, ha optado por respetar el texto de Spregelburd, mantener su espíritu e intentar poner orden en medio de todo el caos que se desata en escena durante las tres horas de la función. Mantener el ritmo y la diversión durante tanto tiempo y en una obra tan complicada; conseguir que los actores hayan asimilado la personalidad de cada uno de los personajes y que entren y salgan de ellos con tal facilidad y, sobre todo, hacer que todas las piezas del puzle encajen a la perfección, es algo tremendamente dificil y él lo ha hecho a las mil maravillas.

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©Iulian Zambrean

Pero aún con un texto tan bueno y una dirección fantástica, este barco no hubiera podido llegar a buen puerto sin esas cinco bestias escénicas que dan un máster teatral de compromiso, técnica y agilidad. Porque si su trabajo en el escenario es impresionante, uno solo puede imaginarse la locura que debe suponer su trabajo tras el escenario. Cambios constantes y supersónicos de vestuario y, lo más complicado, de personaje: un actor puede salir por la puerta de la izquierda siendo un policía de Nevada y entrar 30 segundos después por la de la derecha siendo un insigne matemático o un inversor de origen japonés. Obsérvese que digo”siendo” y no “vestido de”, pues eso es lo esencial para mí, no el cambio de ropa, sino el cambio vertiginoso de personalidad.

No puedo destacar a ninguno de ellos, porque todos están fantásticos, tanto individual, como colectivamente: divertidos, versátiles, profundos, intensos y sobre todo, comprometidos. Rafael Spregelburd les ha hecho 24 regalos en forma de personaje y gracias a su técnica y buen hacer, ellos han conseguido sacar todo el partido de los mismos.

En resumen, niños y niñas, que si vivís en Madrid, ya estáis tardando en ir a ver La estupidez al Matadero, porque, salvo que prorroguen, solo estarán allí hasta finales de febrero. En todo caso, estoy seguro que una maravilla como esta irá pronto a otro teatro de la capital y no tardará en comenzar una gira que la lleve por toda España. Si es así, no os la perdáis, os fascinará.

Y como despedida… Aquí va el teaser.

Autor: Luis Ángel Ramos Cuesta

Luis Ángel Ramos Cuesta
Oteo el horizonte desde Unagi Magazine y os cuento lo que veo. ¡Ah! y además soy el irresponsable responsable de dirigir este proyecto.